jueves, 31 de diciembre de 2009

ANTES DE QUE TERMINE 2009 QUERIA CONFESAR QUE…

...me encantan las películas de amor (y las miro todas, las pochocleras y las no, las cursis y las no, y puedo verlas más de una vez); que una vez le robé monedas a mi abuela para comprarme caramelos; que a escondidas de mi mamá me tomé una tira entera de Aspirinetas; que si no tengo ganas de limpiar escondo un poco de tierrita atrás de algo; que leí El Alquimista, de Paulo Coelho y que he llegado a decir que estaba bueno; que me compré discos de cumbia (que fui a ver a la Nueva Luna a bailantas también); que fui a dos recitales de Diego Torres (y bailé, y me abracé con alguien en canciones románticas); que me quedé con CDs y libros de algún que otro ex (y que siempre negué que me los hubiera quedado). Ah, y que en alguna oportunidad dejé a un muchacho que quería y me gustaba sólo por miedo.

Peeeeeeeeero. Ahora que ya lo escribí sé que voy a recibir 2010 mucho más madura. Ahora, por ejemplo, escucho a Puente Celeste. ¡Feliz año para todos!

viernes, 25 de diciembre de 2009

QUE SE VENGAN!


Están todos invitados!
Arte: Cecilia Camporeale © 2009.

lunes, 14 de diciembre de 2009

CORONADOS DE GLORIA



En este blog gustamos de Banfield, gustamos de los uruguayos y gustamos de los pobres que consiguen cosas de ricos. Obvio, tenemos la impunidad de quedarnos con las imágenes que queremos. Entonces, en vez de pensar en Duhalde, traemos a la mente a Evita y a sus ganas de que el Taladro saliera campeón en 1951. ¿Por qué? Porque era el equipo chico, el del barrio, el del pueblo.

Como esa clase social alta que no quiere ver la realidad que está abajo, ayer los hinchas de Boca gritaron mucho para tapar el "dale campeón", que se oía como un susurro desde la tercera bandeja de la Bombonera. Sí, se oía igual. Y los que saltaban y sonreían en la cancha eran los de camiseta verde y blanca.
Ahí lo tienen a Banfield, manejando un Mercedes, durmiendo en un 5 estrellas, vacacionando en el Caribe, vistiendo con las mejores marcas.

Y no juega lindo y no tiene una estrella y tiene en el lateral derecho a un hombre que personaliza eso de que el fútbol hace milagros (si no, él debería dedicarse a otra cosa).

Los diarios venderán muy poco con este título, las revistas del campeón también. Incluso los programas deportivos tendrán menos rating con un triunfo de un equipo de obreros. No importa, en este blog gustamos también de los trabajadores (precisamente porque el trabajo no es lo nuestro).

Después de 113 años de vida, el club pudo levantar una Copa. ¿Que los pobres nunca van a poder hacer la revolución? ¿Eh? Pero por favor...

martes, 8 de diciembre de 2009

UN DIA GANAMOS UN PREMIO

Periodismo Deportivo Estimulado: Pablito, Mariano, Aye.

Nos conocimos en un lugar en el que compartimos una convicción profunda: los tres teníamos en claro que ese sitio no era para nosotros. Sin embargo, el saber que cada uno estaba ahí, para el otro representaba un consuelo. Acá estamos, casi seis años después. Y no sólo hay más panzas, menos pelos, más arruguitas e incluso hasta un niño que está por llegar. También hay premios. Y como hubo premios, hubo discursos. Discursos: una suma de palabras que, en parte, representan lo que cada uno de nosotros es como periodista…

Pablo: “Gracias a DeporTEA, a los docentes… Se lo dedico a mi familia y a mis amigos. La verdad que es lindo terminar el día con este premio, sobre todo porque empecé la mañana chocando con el auto y ayer había soñado que me robaban el celular. Muchas gracias a todos”.

Mariano: “Hola… Gracias por la distinción. Este premio es para mi familia, para mi papá, que siempre me dijo que estudiara algo en serio, para Lore y para mis amigos Pablito, Paulita y Aye. Este premio Estímulo me llega en un momento especial, en el que me estoy replanteando si lo que quiero es trabajar para empresas mediáticas. Gracias a todos”.

Aye: “Yo no sé hablar y además estoy nerviosa. Al contrario de la persona que subió antes, a mí claramente no me gusta trabajar, pero bueno… esto es lo que hago. Quiero compartir este premio con los chicos del diario, que soportan mi desinformación cotidiana; con mi familia y con los amigos, que es lo más lindo que me dio la profesión. Gracias”.
P.D.: un saludo cariñoso para otro ganador, el amigo Fede, compañero del poco revolucionario Periodismo Pobre.

sábado, 5 de diciembre de 2009

QUE COMER CUANDO UNO LLEGA TARDE (el verdadero problema de los solos)

La soledad, el vacío, el silencio... El hambre. Los solos somos personas con necesidades. Digo: con más necesidades que los acompañados. Entonces a la cama con vacantes, a la mesa con ausencias y al ruido a la nada (es duro: en la casa de los solos los ruidos los generan los propios solos), se le agrega la cuestión alimenticia.

Resulta que vivir solo es espectacular, salvo ese día a esa hora tarde, en la noche. Resulta que no hay nadie a quien llamar para decirle: "Llego en media hora... ¿me esperás con algo para cenar?".

La heladera del solo es una sorpresa, porque a veces está llena y a veces no tiene nada. Obvio, se puede recurrir al delivery. Yo prefiero no hacerlo.

Comentario loser: una vez alguien me contó que llamó a su casa y se dejó un mensaje en su propio contestador. Y que el mensaje decía algo así como: "Hola, cuando llegues tenete paciencia, hacete algo rico y disfrutá... Disfrutá, solo de mierda".

¿Qué es lo mejor, entonces? El viejo y querido sanguchito. Uno. O dos. ¿Con qué? Con lo que haya a mano.

Porque en ese momento me percato de que el sanguchito es una expresión de libertad. Un lugar de creación, un mundo por descubrir dentro de, por ejemplo, dos panes lactales marca Bimbo, rodajas finitas. Tostado o sin tostar.

Y el mundo entre dos panes puede ser la gloria, eh. Me percato: puede ser mejor que el mundo entre planetas.

Se le puede untar Casancrem o manteca o mayonesa o cualquier otro aderezo. O no. Puede tener lechuga, sí. Rodajas de tomate, también. Queso, en cualquiera de sus presentaciones. Y huevo, o atún de lata. O todas estas cosas juntas.

Epa! Hay más opciones para elegir: zanahoria rallada, arvejas, salame, cebolla, pedacitos de carne...

Porque también hay colores en todo esto y se puede jugar a combinar. De golpe, un sanguchito activa tu costado lúdico. ¿Y si le pongo trocitos de pollo de lo que me sobró del otro día? ¿Y si abro la lata de choclos que compré la otra vez y nunca consumí? ¡Ah! ¡Y lo puedo condimentar con orégano y aceite de oliva!

Y qué rico es, y qué bien que me sale... Me percato.

lunes, 16 de noviembre de 2009

EL CAMPEON


Obviamente no me acuerdo del día en que él nació, pero mi mamá me cuenta que yo lo odiaba. Imagínense, con dos años yo era la dueña de todo (el cariño, los juguetes, la casa) y de golpe me traen a un pibe para robarme toda esa felicidad.

“Estabas súper celosa”, detalla mi madre. Lo detestaba tanto que una vez, mientras ella planchaba, aproveché su distracción para tirarlo de la cuna. Lamentablemente, sobrevivió.

Acá está: se llama Andrés, desde hoy tiene 25 años y en todo este tiempo se ganó mi corazón. Simple: es la persona a la que más quiero en este mundo.

Digamos que tiene todo lo que yo quisiera tener. Es talentoso, creativo, curioso, original, gracioso, cariñoso, comprensivo, charlatán, generoso… Bueno. Mi hermano es increíblemente bueno. Y es una pena, pero él no se cree todo esto.

Por si fuera poco, de los dos, él es el lindo. Una injusticia. ¿Cómo el varón va a ser el lindo, el flaco, el que tiene éxito con el sexo opuesto? Recuerdo una anécdota: cuando éramos chiquitos e íbamos por la calle, las personas se paraban para elogiarle sus rulos y sus pecas. Yo me quedaba con las migajas.

Entre todos esos piropos, encontré uno para burlarlo. Una vez, por los rulos, lo confundieron con una nena. Pude cargarlo con eso durante toda la infancia.

Andre, además, era mamero y vago: demoró en caminar, en hablar, en aprender a andar en bicicleta. De chicos, lo nuestro fue una competencia feroz. El pibe se tuvo que bancar que a mí me gustaran los juegos de hombres. Entonces, en el barrio teníamos los mismos amigos y jugábamos a la pelota. En contra, siempre. Y nos matábamos a patadas. Obvio, le robaba protagonismo: yo llamaba la atención porque era mujer y me encantaba el fútbol.

Nuestras peleas son recordadas. Ante mis padres yo sacaba ventajas por una cuestión de género. Lloriqueaba un poquito y la bronca era contra él.

El vínculo se modificó cuando yo tenía 15 años y él 13. No tengo idea de por qué, pero desde ahí somos… como hermanos.

No entiendo cómo hay hermanos que no se llevan, o se llevan mal. Con Andre puedo hablar de todo y no me imagino no compartiendo algo con él. Su opinión y su compañía me son necesarias.

Lo describo un poco más. El pibe es copado. Muy copado. No sé qué tiene, pero no hay ni una mínima posibilidad de que le caiga mal a alguien. Incluso soy capaz de apostar algo a quien no lo conozca: si no se encariña, hago lo que sea.

Andre podría haberme sufrido (por lo del fútbol, porque a mí me iba bien en la escuela y a él no tanto, por alguna comparación familiar), pero no. Si hasta me siguió. Yo era de Boca, él también. Yo me hice de Banfield, él también. Yo hice Periodismo Deportivo, él también.

¿Qué compartimos cosas? Pufff. La música, el cine, el teatro, el placer de reunirnos con amigos. Y la pregunta que nos hacemos casi a diario. Ese "¿y vos cómo estás?".

Su ventaja es que él siempre se rebeló (y yo varias veces acaté). Con Marce, mi amigo, lo llamamos “el campeón”, y Andre lo es. Los lazos sanguíneos no se escogen, es cierto. Pero yo a este pibe lo elegiría siempre.

¡Feliz cumpleaños, campeón!



P.D.: Ah, también hicimos travesuras juntos. Como cuando teníamos 6 años y, a escondidas, fumábamos los cigarrillos que mi papá tiraba.

sábado, 14 de noviembre de 2009

UNA HISTORIA DE AMOR II

Lo llora. Todavía hoy lo llora. ¿Cómo fue que aquello se rompió? Ella me habla y enumera adjetivos que describen a él como un hombre al que quiso. Al único que se permitió amar.

La lágrima que le veo –y que está en su pómulo izquierdo- contiene algo que ella llama fracaso. Haber intentado, haber tropezado. Y es una lágrima gorda. Ella me dice que él era feo, pero hermoso; que era reservado, pero demostrativo; que hablaba poco, pero decía palabras lindas.

Escucho. Esta historia que me cuenta ocurrió hace mucho tiempo atrás. Y a medida que los días avanzan, los recuerdos de él se le suman en la cabeza: le envuelven el cerebro. Me construye imágenes, me mira detrás del pañuelo que le seca los ojos y los cachetes; y que no le pide permiso para esconderle los pocitos que se le hacen cuando sonríe.

Me pregunto si esos recuerdos serán completamente ciertos o si la distancia (y la necesidad de tener a él con ella) los habrán distorsionado. Si todo eso será en realidad el recuerdo que ella armó del verdadero recuerdo: si será el recuerdo de un recuerdo. Pienso en las interpretaciones y en la selectividad: en que ella se guardó lo mejor de él.

En este tiempo, lo buscó en otros hombres. Me cuenta que se armó un personaje y repartió su cariño. Hubo besos de ocasión, abrazos sin sentido, caricias de compromiso, sexo sin amor.

Tengo que contestar sus preguntas. Y no soy sincera, porque le respondo que encontrará luz, que el muchacho que ahora le genera sonrisas puede ser, que se permita jugar.

Ella me suelta un no. Cortito, seco, distante. Helado. "Jugar, no. El jugó conmigo y yo no supe jugar".

Me callo mi verdad: me da la impresión de que en realidad lo que no supo fue perder.


Antes, hubo una historia de amor número uno.

domingo, 8 de noviembre de 2009

ESTADISTICAS


La vida de una persona es un conjunto de datos. A veces algunos pueden ser más coloridos o simpáticos que otros, pero en definitiva (y aunque a muchos nos duela) somos una suma de información.

Mujer, 27 años, morocha, de rulos, 1,63 de estatura, dos marquitas por heridas de la infancia, un hermano, un novio en serio, otro no tanto, seis amigos hombres, nueve mujeres, dos primas, tres primos, cinco trabajos en 27 años de vida, cero tatuajes sobre 25 intentos de realizarlos… Y así.

Así: tres veces por temporada una crisis laboral, una por vez año sufrir un robo de billetera, dos guisos de lenteja cocinados cada invierno.

Incluso estas estadísticas caseras nos permiten anticiparnos a una situación. Armar nuestra propia tendencia: “Uy, este año todavía no rompí ningún vaso… Ya debe estar por venir el día que pase eso”.

O: “Salí con cuatro chicos altos y con tres me fue mal. ¿Intento de nuevo para revertir la racha? ¿O me baso en los números?”.
A ver, amigos, ¿cuáles son sus índices? Les pido que reparen en sus rutinas y compartan sus estadísticas. ¿Dale que sí?

sábado, 31 de octubre de 2009

EL VIAJAR (SENTADO) ES UN PLACER

Lo que voy a explicar se trata de un ejercicio de percepción incomparable. Y puede llevarse a cabo en un día cualquiera. Hoy, por ejemplo, en el 24 que está lleno, con todos sus asientos ocupados.

De elegir un lugar dónde pararse, de adivinar qué persona se bajará primero se trata. Una vez que se tiene el boleto en la mano hay que tomarse unos segundos y dedicarlos a la concentración. Hacer una vista rápida primero y otra lenta, unipersonal, después.

Hay que orientarse de acuerdo a la postura corporal del pasajero o la pasajera que descenderá más rápido. Si es alguien que estira el cuello mirando hacia la calle como buscando algo, ahí está. Igualmente, esto a veces no sucede, porque hay gente que disimula muy bien su descenso. Entonces hay que ir descartando: suprimir al que duerme con la boca abierta, al que lee sin levantar la vista, al que apoyó en el suelo la bolsa que lleva, al que se sacó la campera.

Hay gente que se cuelga hablando un rato por celular (ese tiene para bastante tiempo arriba del colectivo) y hay personas con cara de Conurbano. De esas hay que alejarse.

Claro está, no es conveniente pretender quedarse con los primeros lugares del colectivo: si lo ganás, es obvio que en la parada siguiente se subirá alguna embarazada o un jubilado que te dará pena.

Una vez ejercitados todos estos aspectos (cuando uno ya le va tomando la mano) hay que animarse a arriesgar. ¿Cómo es esto? Yo le llamo "descifrando rostros". Consiste en ver si una persona tiene cara de viajar lejos o de viajar cerca. Cuesta, pero sale, eh: yo acierto en el 75 por ciento de los casos.

Entonces: boleto en mano, mirada rápida, mirada lenta, iterpretación de rostros y vos. Te parás al ladito del elegido y sólo esperás, sabiendo que en un par de paradas ese asiento será tuyo.

jueves, 22 de octubre de 2009

COSAS QUE ME DECIAN PARA HACERME SENTIR BIEN

2 de noviembre - Día de mi cumpleaños – Día de todos los muertos
Mamá: “No es malo cumplir ese día, hija. Porque en realidad se celebra el día de los muertos por… la Patria. ¿Entendés? Es un día muy importante, de gente que hizo mucho por nuestro país. Es muy bueno cumplir en esa fecha”.

Respuesta a las cargadas que mis compañeritos me hacían por el tamaño de mi frente (me decían Bianchi o Panigassi)
Abuela Kika: “Yo no te puedo creer que te digan eso, Ayelén. ¿Pero qué? ¿Acaso tus compañeros no lo saben? No te puedo creer que no lo sepan. Te lo voy a decir una vez nomás, porque es algo que se sabe desde siempre: los que tienen frente grande son las personas de una inteligencia sublime. Como vos, querida. Tenés una frente hermosa”.

jueves, 15 de octubre de 2009

NOSTALGIA DE CAMARA DIGITAL


Con Niko en mis manos, supe creerme una chica creativa. Joven, audaz, talentosa. Incluso me jacté de tener grandes condiciones como fotógrafa. Condiciones que, supe creerme, alguna vez explotaría. Esta es una de mis obras, intitulada: La mano que se mete en el paisaje.


Cómo te extraño, Niko, cómo te extraño.

martes, 13 de octubre de 2009

CHAU, CHAU, ADIOS

Desde el inicio, desde el contacto a primera vista, quedó claro que iba a ser una relación conflictiva. Yo era de un mundo, y él de otro. A mí me caracterizaba la sencillez, la austeridad, y él venía cargado de tecnología, era súper moderno.

Y yo me esforcé por conseguirlo, eh. Digamos que pagué su amor en cuotas: fue un trabajo mes a mes, hasta que llegó un momento en el que me aseguré su corazón.

Una relación conflictiva, decía. Histérica, por qué no. Desde el principio nos quisimos, pero él se alejó. Había pasado una semana de nuestro comienzo. Y él me dejó, justo en unas vacaciones por el Sur argentino. Unos días después nos reencontramos. Y seguimos.

Guardo imágenes de nuestra relación, instantáneas que se suceden y que repaso casi a diario. Si hasta hizo viajes con mi mejor amigo: la típica cargada de que con él recorrió el mundo y que conmigo se movió dentro de Argentina.

“Yo, Niko, voy a hacer que guardes los mejores recuerdos de tu vida”, me prometió alguna vez, desde el silencio.

Tengo que contarlo, él era generoso. Y tenía un amor generoso, se dejaba prestar: lo compartí con mis amigos, con mi familia, con mis compañeros de trabajo.

Y se iba y venía, a veces. Pero venía, siempre terminaba viniendo.

Es una lástima, me domina un dolor profundo. Un sufrimiento cruel, la puta madre. Lo quise. Lo quise mucho. Y fui ingenua: creí que lo nuestro iba a durar muchísimo tiempo. Pero no. El sábado me dejó. Fue raro: lo tenía a mi lado y, de repente, se esfumó, sin que me diera cuenta. Sin siquiera despedirse.

Adiós, Niko, adiós.


Texto de despedida a Nikon, mi cámara digital, ésa que estaba dentro de mi mochila y que alguien me robó en la estación Retiro, sin que me diera cuenta.

miércoles, 7 de octubre de 2009

UNA SEMANA EN UN TORNEO DE TENIS


La riqueza que veo es gente bien vestida. La camisa de marca (un cocodrilo, un polista o una L en el costado izquierdo), los zapatos o zapatillas que combinan con el cinturón, los anteojos súper modernos. Y así. La riqueza que veo es ropa nueva, reluciente. Y el color de piel tostado, aunque haga frío. Y así.

La riqueza que veo la conforman también autos deslumbrantes. Por gigantes, por su luminosidad, por su diseño extraño. Y la gente bien vestida que se esfuerza porque a ellos se los vea ahí.

La riqueza que veo es un nenito comprándose todo lo que ve: pelotitas de tenis, raquetas, remeras, hamburguesas y papas fritas a un precio inusitado (y la hamburguesa que queda por la mitad, en un tacho de basura, porque el nenito se cansó de comerla). Y que dice: “Mami, quiero más”.

La riqueza que veo son personas que pagan una cuota muy muy cara por entrenarse, por hacer ejercicio, en un lugar que no tiene mucho de diferente a otros de esos lugares. Pienso: en ese precio debe cobrarse también el costo por pertenecer.

La riqueza que veo es gente que usa la s como una sh. Me pregunto: ¿en la escuela se lo enseñarán así?

La riqueza que veo me aburre. Y me aburre mucho. Entonces pienso en otras riquezas y pienso cuánto me gusta ver jugar a Gastón Gaudio. Pienso: ¡qué riqueza de talento, por favor!

Me muevo entre toda esta riqueza y desde mi derecha un compañero que me dice que vayamos a la carpa de prensa a merendar: que tomemos el café de ahí y que él trajo galletitas. ¿Ricas? Riquísimas.

jueves, 1 de octubre de 2009

DE BUSQUEDAS SE TRATA ESTE POST


Elegir una casa es un problema catalogado como un lindo inconveniente si el que dice esta frase es el que no tiene que padecerlo.

Porque hay división de clases de problemas, lógico. Y hay dificultades infinitamente superiores o dolorosas o traumáticas. Lógico.

Elegir una casa, decía. Disponer del dinero y que la concreción de eso dependa pura y exclusivamente de un “esta. Quiero esta”. Y después todo lo demás.

¿Cómo explicar cuándo uno se da cuenta de que ésa es la casa que quería?

Hay etapas. Primero uno busca entusiasmado. Lo hace con constancia (sábados y domingos por la tarde), con rigurosidad (es capaz de desechar una propiedad por una manchita de humedad) y con ilusión (no importa, esta no es pero seguro que la próxima sí).

Después, uno se impacienta. Entonces recorre menos, se desgasta: aparecen porquerías, las que gustan superan el presupuesto. La sensación dominante pasa a ser una sola: la frustración, eso de no, no, no voy a encontrar casa.

Y pasa una, y no; y otra, y tampoco; y una más, y menos. Es como pasar hojas de un libro sin leer siquiera una línea. Como si uno lo hiciera para probar, para pasar el tiempo.

Hasta que un día, causalidad, llega. No hay hora precisa, ni época del año, ni forma: puede salir de un aviso, o de una página de Internet, o de caminar calles, o de un amigo que te dijo que un amigo de un amigo vende su departamento. Llega: estás ahí y la sentís tuya. Te llena el alma. Te imaginás transitando esos metros cuadrados en pijama, te pensás recibiendo a tus amigos, te dibujás cocinándole a tus padres. Hasta sabés qué música vas a poner cuando te visite él. Y armás la distribución de muebles, los colores de las paredes, los cuadros que colgarán de esas paredes con los colores.

“Esta. Quiero esta”.

……………………

Cuando repasaba este proceso se me vino un pensamiento. ¿Qué onda? ¿La búsqueda del amor es igual, no?



Aclaración: este texto no quedó como me hubiese gustado. El hecho de que lo postee forma parte de un periodo: asumir ciertas limitaciones.

domingo, 27 de septiembre de 2009

MONTE GRANDE


Declarada ciudad el 30 de octubre de 1964, Monte Grande está ahí, a apenas 28 kilómetros de la Capital Federal. Un dato que la agiganta: el distrito de Esteban Echeverría (que integran MG, El Jagüel, 9 de abril y Luis Guillón) tiene 300 mil habitantes.

La empresa de hamburguesas de la M dorada arribó al lugar hace una década y en ese momento le puso una denominación que le cabe: La ciudad de los árboles. Pero hay más: muchos la consideran "la pequeña Rosario", por la cantidad de talentos que surgen y llegan (que se van y que vienen). Aquí, una breve presentación, a través de nombres insignia, de esos queridos 22,57 kilómetros cuadrados.

Luis Salinas: para aquellos que dicen que es de Lanús, les digo que no. Están equivocados. Uno de los mejores guitarristas argentinos (¿el mejor?) nació en Monte Grande. Es decir, ahí construyó el talento que lo llevó a tocar por el mundo con diferentes artistas. Y en cada lugar el querido Luis nombró a su ciudad natal.

Gillespie (Marcelo Rodríguez): el trompetista de Sumo y conductor radial no sólo nació en la que todos llaman la ciudad de los árboles, sino que vive ahí. Gracias a información de primera mano supe que cuando estaba de vacaciones le robaron el auto del garaje de su casa. Pero él pidió reservas e incluso jamás lo contó en su programa: de eso se trata cuidar la imagen de la tierra de uno.

Paz Martínez: todos lo recordarán por el tema "Hay una lágrima en el teléfono" de una famosa novela televisiva. Paz llegó a la ciudad por amor, ya que ahí vivía su actual mujer. Mi recuerdo con él no es grato: una vez mi abuela nos mandó a mi hermano y a mí a pedirle un autógrafo y él nos dijo que no.

Horacio Cabak: primero modelo, luego conductor de TV. Su mamá es profesora de uno de los colegios más caros de la zona. El, un traidor: vive con su familia en la zona Norte.

Walter "Cubito" Cáceres: se hizo "famoso" cuando llegó al arco de Racing, pero -hay que asumirlo- después pasó inadvertido. Fue al mismo colegio secundario que yo, el Naciones Unidas, pero ahí jamás nadie lo recordó. Mi hermano se lo cruza en el videoclub.

Claudio Rissi: actor. En mis pagos es conocido como "el Jean Reno argentino". Es cierto: se parece. Y quiere tanto a la ciudad que hasta abrió un teatro, donde actúa y también da clases.

María Julia Olivan: podría decirse que la periodista que saltó a la fama en el programa Día D, de Jorge Lanata, construyó su amor por los postres y las comidas en Monte Grande, donde nació. También se formó en el colegio secundario al que fui, o sea que desde la pantalla de Canal 7 puede afirmar, como Cristina, que ella "es un producto de la educación pública".

lunes, 21 de septiembre de 2009

QUE VES CUANDO NO VES


Ahí está, para marcar el paso del tiempo. Para que te quede claro que hay aspectos que la suma de minutos de tu vida va modificando.

Lo asumís: cada día que pasa ves menos. Te reconocés en un gesto: los ojos achinados, la nariz un poquito arrugada, el esfuerzo por enfocar aquello que se ve a lo lejos y que vos no distinguís.

El oculista te dice miopía y te convence de que te va a curar. Te comprás anteojos con cierto aumento. No te gusta cómo te quedan, pero bueno, ayudan a ver de lejos.

Igualmente, los contornos ya no tienen la misma forma que antes, porque ahora ves figuras, formas: imágenes difusas, nubladas. Muchos días te parece que el mundo –según tus ojos, claro- es una nube.

Identificás determinadas cuestiones de la rutina, aunque no las veas bien. Yo, por ejemplo, me doy cuenta cuando viene el 24 porque es el del cartel azul. El número, por supuesto, no lo distingo hasta que él está a dos pasos mío. Y ya perdí la cuenta de la cantidad de colectivos que dejé pasar por no saber cuáles eran, por esa duda de si pararlo o no.

Reflexionás sobre el sentido que se está escapando de tu vida. “Hay cosas que estaría bueno no ver”, pensás. Y le sacás los puntos positivos. La no visión te ayuda a desarrollar los otros sentidos y también estimula tu imaginación. Te metés en el juego y te preguntás: “¿Qué podrá ser eso de colores que se ve allá a lo lejos?”.

Hay una amiga que te espera en la vereda de enfrente. Vos mirás y mirás, pero no sabés si es ella o no. Tiene un sweter fucsia, una mujer es seguro. Enfocás, estirás la pera para ver si así podrás ver un poquito más. Ahí te das cuenta de que esos ojos achinados dibujan otra señal del paso del tiempo: las arruguitas que empiezan a tomar forma en la comisura de tus ojos.

Y ella te manda un mensajito: “Cruzá, soy yo, tarada”.

martes, 15 de septiembre de 2009

ELI-U


Quisiera despertar un día
sin voces, sin gente
sin esa agitación en mi mente, por lo que vendrá

Eli-U es hija de Gustavo “El Príncipe” Pena. Su papá falleció y ahora ella, que es psicóloga, se dedica a difundir las canciones de él.

Y en el alma debe haber
muchas cosas que no se pueden ver
y están allí


Su disco se llama 'Creo en los elefantes' y es un un conjunto de canciones tiernas, que invitan a meterse en mundos que mezclan fantasía con realidad. Se trata en general de mundos imaginarios, con un sentido lúdico en las palabras, incluso con situaciones infantiles. Para mí, es un disco que hay que tener.

En esta ciudad verás
los trenes del sol
bajar de los árboles


A estas tres líneas anteriores me refería. Eli-U y su banda le pusieron una música con influencias jazzísticas y de la bossa nova, con unas gotitas de pop y sin olvidar algunos ritmos rioplatenses. Porque para los que no lo saben, Eli-U es uruguaya.

sol / estrellas / palomas / sonidos / maravillas / gaviotas / cangrejos / monos

El CD con canciones contiene estos términos. Eli-U no es una cantante virtuosa, pero transmite suavidad, dulzura, simpatía y buena onda. Y acompaña las melodías con su voz e incluso le pone ritmo y swing, a la guitarra, el bajo y la batería que están arriba del escenario con ella. Es de esas chicas que podría ser amiga de cualquiera. Incluso, en vivo, ella quiere que el público participe, intenta charlar con esos que fueron a verla y comenta sus nervios, los miedos que le genera estar ahí.

Aun creyendo que exista el destino
puedes cambiar algo de tu camino
pero si vos justificás tus males
es porque no querés cambiar


Debe ser muy especial continuar y darle trascendencia a la obra de un padre, ¿no? ¿Será parte de alguna promesa? ¿De algún arreglo hecho en vida? ¿O el Príncipe debe estar sorprendido desde algún lugar? Esas serían mi preguntas si yo le hiciera una nota a Eli-U.
Editado: La que sí le hizo una nota es Belén.

viernes, 11 de septiembre de 2009

ESTE MUNDO ES PURO ESPAMENTO


José Mujica. El Pepe. Una vida política: un pasado tupamaro, un presente como candidato a presidente de Uruguay por el Frente Amplio.

Un ayer: su acto en el Luna Park, con el objetivo de lograr que los uruguayos que viven en Argentina viajen a su país a votar, en unas elecciones que tienen grandes chances de ir a una segunda vuelta. A eso, ellos le pusieron un nombre simpático: el voto Buquebús.

“Nos dicen que vinimos a buscar votos… Y sí, a eso vinimos”. El Pepe fue guerrillero, pero tiene una imagen tierna: da la impresión de que podría ser el abuelo de cualquiera de nosotros. Es sencillo y es campechano. Es realista, es consecuente: es un hombre digno con una capacidad discursiva impresionante.

Su ayer: un acto en el Luna Park, en el que habló después de Danilo Astori –su compañero de fórmula- y en el que, en vez de subirse al atril, eligió agarrar el micrófono y caminar el escenario, con una mano en el bolsillo. Como dijo mi amigo Marce: hizo su propio stand up.

“No vamos a tocar el cielo con las manos… No hay un triunfo final, hay una lucha permanente. Nosotros vamos a continuar un proceso, a subir dos o tres escalones más. Y después… Después tendrán que seguirlo las otras generaciones”.

“Que se entienda, compañeros: la lucha es por un proyecto, por cambiar un país, no por ponerle la banda presidencial en la panza a un viejo”.

“… Tenemos que enamorarnos de la sabiduría, del conocimiento, de la cultura. Que nuestros gurises, los de la ciudad y los del campo, estudien, piensen, se formen. Esa tiene que ser nuestra lucha más importante. Que un uruguayo vaya por el mundo y los demás digan: ‘Ojo, que este es un bocho’”.

“Tenemos que tener valores. Y transmitirlos”.

“…¿Quién va a desconfiar del imperialismo uruguayo? Nadie. El imperialismo uruguayo no jode a nadie. Esa es la ventaja de ser chico”.

“… ¡No vas a salvar de la droga a un pibe si tenés un milico atrás de cada árbol! Lo vas a salvar con el conocimiento”.

“Hay que ayudar, construir una sociedad decente, ser solidarios, hacer cosas para el bobo… Y no caerse nunca, luchar siempre. Hacer cosas para el bobo… ¡porque el corazón está a la izquierda! Para nosotros todo eso se llama revolución”.

……………………………………..

Unos días atrás, el Pepe salió al aire en el programa de Víctor Hugo Morales. Ahí explicó que su objetivo es que sus compatriotas vivan bien: "Que tengan su casita, su autito, el asado del domingo y que puedan irse de vacaciones". Además, contó que estaba grabando un spot de campaña. Y lo dijo dejando en claro que se estaba prestando a algo que no lo convencía mucho, pero bueno… “Vos viste cómo es esto, Víctor Hugo. Este mundo es puro espamento”.

domingo, 6 de septiembre de 2009

RUTINARIAS ESCENAS DE LA VIDA COTIDIANA


Sánchez de Bustamante – Rivadavia – Subte A – Perú – Diagonal Sur – Chacabuco

El recorrido puede variar, pero ¿cuántas opciones hay? Tres, a lo sumo cuatro más. Así es de ida, y viceversa a la vuelta. Cada uno tiene el suyo y lo repite sistemáticamente cinco veces por semana, a la misma hora. De ida, y viceversa a la vuelta.

Sánchez de Bustamante – Rivadavia – Subte A – Perú – Diagonal Sur – Chacabuco

Los mismos francos, la misma franja horaria. Semana a semana. Rutinas que escucho: clases de inglés, gimnasio, ver a las chicas, jugar al fútbol con los amigos, ensayar, juntarse a cenar (a veces, el mismo día, semana a semana), ir a comer a lo de mamá y papá o salir a correr. Ordenar el tiempo en un reloj.

Sánchez de Bustamante – Rivadavia – Subte A – Perú – Diagonal Sur – Chacabuco

“¿Rutinario yo? Si me voy de viaje una vez cada dos meses”. ¿Y acaso eso no es una rutina? Hasta el ocio es un hábito: cada uno sabe ya qué días y qué tiempos tiene libres. Una vez por semana al cine, una vez cenar pastas, otra carne, otra pescado. O mezclarlos, para variar. Depilarse los viernes a la mañana, afeitarse los jueves antes de salir para el trabajo.

Sánchez de Bustamante – Rivadavia – Subte A – Perú – Diagonal Sur – Chacabuco

Los mismos días al supermercado. ¿Y si sacamos el promedio de cuántos sábados o lunes vamos? Los cumpleaños que son siempre en las mismas fechas. Y que pese a eso nos cuesta recordarlos.

Sánchez de Bustamante – Rivadavia – Subte A – Perú – Diagonal Sur – Chacabuco

Es imposible que la vida no sea una rutina, porque pelear contra ella también lo es: pensar sistemáticamente en romperla se vuelve una costumbre. Y así. Mejor disfrutar y tratar de encontrar algo distinto en la calle empedrada, en el puente que cruza las vías, en la avenida, en el subte de antaño, en la peatonal con artesanos, en la diagonal que invita a confundir calles y en el edificio que me recibe a diario, cinco veces por semana. Y sonreir, claro. “Yo voy al noveno. Gracias”.

domingo, 30 de agosto de 2009

CONSEJOS DE AMOR, POR KIKA

La sabia Kika, again, soltando sus opiniones en la silla que la sostiene las tardes de verano o de otoño: las tardes en las que no tiene frío y sale a tomar aire a su terraza con flores de maceta.
Allí reflexionó sobre el amor, ese bello estado, ella, una mujer que, pese a que se refirió a la convivencia, no concibe esa situación: "Si uno va a vivir con el otro, hay que casarse", me dijo después.

Yo le pregunto sobre el amor y ella arranca nombrando a mis amigos ("bueno, tus amigos", comienza), porque la pobre se cree que mis amigos son en realidad "mis amigos". Yo ya me cansé de aclararle que ellos tienen sus novias y que no pasa nada: ahora le sigo la corriente. Una vez la saqué a dar una vuelta (no la trato como un perro, pero ella no camina si uno no la saca a caminar) y se produjo el siguiente diálogo:

Aye: Ayer salí con Pablo y Leo.
Kika: Mirá, Ayelén, a mí decime la verdad. Yo ya sé que vos estás un poquito con cada uno, eh.
Aye: ... (cara de "eh???")
Kika: Claro, querida. Pero me parece bárbaro. Vos sos joven, tenés que aprovechar. Y hacelo ahora. Dormí unos días con uno, otros días con otro, quizá alguna vez con los dos... Por ahí te enamorás de alguno o por ahí no y mientras la pasás bien hasta que llegue tu amor verdadero.
Aye: Pero no, Kika...
Kika: (interrumpe) No importa, no importa. A mí me gustan los dos, se ve que son buenos chicos. Pero bueno, quizá son amoríos pasajeros, para pasar el rato. De esto no se entera nadie. Bueno, y contame, ¿adónde fueron ayer?

Kika es también una abuela moderna. Una abuela que es infinitamente más moderna que su nieta.

lunes, 24 de agosto de 2009

DE CUMPLEAÑOS Y REGALOS (O NO)



Hay cumpleaños que son esperados y no me refiero a los propios: alguna amiga que uno quiere con intensidad, algún familiar que es importante en nuestras vidas, una pareja a la que uno ama profundamente. O un hijo.

En esos casos, el obsequio para esa persona es fruto de una dedicación. Uno empieza a pensar qué regalar desde un tiempo antes, recuerda cometarios del cumpleañero como para ver qué le gustaría, recorre lugares, averigua y selecciona algo con toda la pasión del mundo. Después, claro, puede fallar, pero difícilmente eso ocurra: la energía puesta en eso es tal, que sin dudas despertará alegrías en el agasajado.

El tema es que hay cumpleaños intermedios (o no). Esos que a uno le dan lo mismo. Ese es el tema: comprar o no comprar. A veces, uno compra algo de apuro, a último momento, por una pura cuestión de apariencias: sólo lo hace para no quedar mal. Otras, cae sin regalo. Y si va con un grupo, lo deja librado a la decisión del resto: si todos dicen que sí, pone el dinero correspondiente y ya.

Y hay otra división. Esos cumpleaños en los que alcanza con llevar sólo buena onda. El que festeja es un simple conocido, quizá un compañero de trabajo. De hecho, esos festejos pueden derivar en dos posibilidades: una reunión en la que uno la pasa diez puntos o una de la que se va a la media hora de haber llegado.

No iba a escribir más, pero me di cuenta de que en esa división podría hacerse una subdivisión: la de los cumpleaños de amigos o compañeros de trabajo de nuestra pareja. En esos casos alcanza con ir, sonreír e intentar que el reloj avance rápido. Y punto.

miércoles, 19 de agosto de 2009

REWIND


Hay veces que parece que uno se metiera en el pasado. Que va a un lugar y hay síntomas de otro sitio en el que uno ya estuvo; o alguna imagen que recuerda algún instante que quedó atrás.

No fui a trabajar y me fui al cine Gaumont. Me encantan esos lugares históricos de Buenos Aires que parecen inmunes al paso del tiempo. Había gente, mucha gente que se acercó hasta ahí a pagar seis pesos para ver una película argentina. No bien abrí la puerta sentí que me había metido en los años ’60.

Justo cuando pensaba en eso, un señor que estaba detrás de mío en la cola empezó a contarme su sorpresa: esa misma cantidad de gente había el día que ese cine se inauguró. Y él había estado ahí. Entonces me describió todo: las gentes, las ropas, las avenidas cercanas, la Buenos Aires de hace 50 años atrás.

Me anticipó lo imponente de la sala 1, ésa que yo no conocía y que me pareció maravillosa. La sala 1 te envuelve, pese a su magnitud. Ahí vimos “El secreto de sus ojos”, una película que también transcurre en el pasado. Vayan a verla, por favor vayan a verla.

-Disculpe, me quedó una duda. ¿Se acuerda qué película vino a ver aquél día? –le pregunté.
-(Miró para arriba, pensó un ratito y contestó) Sí. Por quién doblan las campanas, con Ingrid Bergman y Gary Cooper. Yo hoy iba a ir al Shopping Abasto… Pero no sé qué se me dio por venir acá.

Para mí que tenía ganas de retroceder por un ratito en el tiempo.

jueves, 13 de agosto de 2009

JULIETA, LA QUE SE ENOJO POR EL POST DE ABAJO

Julieta nació el 15 de diciembre de 2002. Yo (y su madre también) tenía 20 años y estaba deslumbrada por la situación. Me tomé el colectivo hacia el hospital con otras dos amigas, le compramos un elefante de peluche vestido de marinerito y subimos a conocerla. Casi lloro: en el momento en que la vi entendí de qué se trataba querer a una bebita.

Julieta me enseñó eso. Entre otras cosas, claro. Fue la primera que me puso el rótulo de tía, pese a que no lo soy y a que nadie le dijo que yo lo era. Un día, cuando ella era más chiquita que ahora, intenté explicarle que yo la quería como si fuese mi sobrina, pero que en realidad no lo era. Se puso a llorar. Ahí le dije que si alguna vez no me decía tía, yo me iba a ofender.

La fui viendo crecer y formar ese carácter fuerte que tiene, y que no sé de dónde sacó. Antes se levantaba de mal humor (de pésimo humor, nadie podía hablarle), ahora contesta y te pelea si no está de acuerdo con lo que le decís.

Cuando era más chiquita (ahora dice que es grande), buchoneaba a su mamá: cuando llegaba su papá, le decía que su mamá le había sacado plata de donde él la escondía. Ahora, con seis años, le cuenta al padre cada vez que vienen a mi casa y su madre toma alcohol.

Es muy observadora y súper demostrativa. La última vez que me visitó, me dejó escrito en la computadora la siguiente frase: “Juli Tía Te amo”. Yo le detallé aquel recorrido en colectivo y el momento en que la vi, casi siete años atrás. Le dije que era una negrita hermosa y que le habíamos llevado el elefante blanco vestido de marinerito. Y respondió:

“¿Sabés qué, tía? Yo me acuerdo. Sí, en serio, me acuerdo. ¿Porque sabés qué? Tengo el elefante arriba de mi cama”.

miércoles, 12 de agosto de 2009

MICAELA, LA CONJUGADORA DE VERBOS


Micaela nació el 9 de octubre de 2006. Yo estaba en el trabajo y salí con el tiempo justo. Manejé rápido, muy rápido (violé la ley, sí) para llegar a conocerla. Nunca me voy a olvidar de la sucesión de detalles de esos cinco minutos en los que la observé, la besé y la alcé un ratito.

Micaela es una chiquita chiquitita que es capaz de jugar sola por un rato largo. Agarra sus muñecas y les habla, inventa diálogos entre ellas, las sienta en la cama y se hace la que es la maestra de esas bebotas y barbies que la miran.

Micaela sabe el saludo de los esquimales, sabe tirar besos, sabe abrazar: la materia mimos ya la aprobó hace rato.

Y tiene tres años, pero es súper respetuosa de los sentimientos de los demás. Sabe, por ejemplo, que su hermana Julieta (tres años más grande) se pone celosa cuando ella mima a su mamá. El otro día, por ejemplo, Mica besó a su mamá y después le dijo bajito, al oído: “Que Juli no se entere, mami”.

Después de leer un cuento sobre una vaca que se llamaba Lucía, nos pusimos a dibujar. La idea, claro, era dibujar a la vaca Lucía. Juli la hizo hermosa, pero Micaela se quedó seria, con el seño fruncido, como renegando. “¿Qué pasa, Mica? ¿No dibujás vos?”, le pregunté. Y respondió.

“No, tía, yo no sabo hacer una vaca”.
Textual: “No, tía, sho no shabo”.

domingo, 9 de agosto de 2009

PLANES


Tengo muchos proyectos para cuando sea una chica con plata. Dejar de trabajar, claro, pero no para estar sin hacer nada, sino para hacer millones de otras cosas más divertidas. Por ejemplo, aprender a restaurar muebles, hacer algún curso de decoración de interiores, comprarme muchos CDs (y escucharlos), interiorizarme sobre la construcción de hornos de barro.


…Tirarle unos mangos a Narda Lepes para que me dé clases de cocina (y acompañarla en algunos de sus viajes a degustar platos). Hacer muñecos de tela: quiero aprender a hacer muñecos de tela.
…Comprarme un PH con ambientes grandes y techos altos y terraza para hacer asados para mis amigos. En realidad, que los haga otro, pero yo pongo la casa sin problemas. Y ya que estamos que tenga pileta, así en verano nos tiramos después de comer el asado.
…Viajar, por supuesto. Irme adonde tenga ganas y cuando tenga ganas. Invitar a quien tenga ganas, también. Comprarme un rancho sobre la playa en Valizas y pasar los febreros ahí. Ir a Uruguay no menos de tres veces por año.
…Cumplir mi sueño y adquirir un Gordini de los de antes, que esté perfecto, reluciente, color ladrillo. Que cuando lo salude antes de usarlo, le diga: “Hola, gordis gordis, hoy nos vamos a tal lado”.
…Hacer ciclos de cine en una especie de casa cultural. Un lugar que sea medio hippón, que tenga un café adentro que de noche funcione como bar, con buena música. Que se hable de películas y que haya también una biblioteca grande, con miles de libros. Que se hable de libros. Que se hable de música. Que se hable.
...Acompañar en una gira a Manu Chao y llevarme a todas mis amigas. Que un tema lo toquemos con Romi en la percusión, Flori en el violín, Ceci en el bajo, Pao y Nati en... las panderetas y yo en el saxo.
¿Y ustedes? ¿Tienen ganas de contarme algunos de sus proyectos para cuando sean gente de plata?


Aclaración: tengo también otros proyectos un poco más interesantes y menos egoístas, pero no me quiero hacer la buena. Espero que tampoco los que compartan sus planes quieran hacerse los buenos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

EL SIMBOLO

Dice que había pensado que a esta edad podría tal cosa y podría tal otra y yo pienso que pensó siempre en futuro y que quizá su error fue no reparar en el presente. Y que seguramente ahora se arrepiente de lo que no consiguió (porque lo compara con lo que había pensado que conseguiría), como en unos años se arrepentirá de lo que no hace en este momento (porque lo comparará con lo que piensa ahora).

Y entonces es una rueda: la gente, las situaciones, los lugares y el tiempo se le pasan (como ya se le pasaron) y ella está inmóvil, es como el eje de eso que circula.

Allá, acá, ahora: la actualidad, su actualidad, en definitiva es producto de sus propias construcciones.

Si lo pensara un segundo pensaría que todos son arquitectos de sus propias vidas. Y si hubiese una universidad que les enseñara, seguramente ahí les dirían que la clave es arrancar por la planta baja planificando una terraza, pero no obsesionado en ella, porque en el medio uno quizá deba recurrir a un cambio de planes.

Pienso en sus palabras y pienso en un click: un chasquido y un golpe. Un instante que marca un punto, que genera un impacto. Un momento de cambio. Esa señal, ese símbolo, se le cruzó ahora. Ella abre los ojos de repente. Esa señal, ese símbolo, es el mismo que le ocurrió en el pasado, cuando pensaba en futuro. Esta vez no va a dejarlo pasar.

jueves, 30 de julio de 2009

LA MERMELADA DE ARANDANOS COMO OBJETO GENERADOR DE FELICIDAD

Si en estos días alguien me preguntara qué es la gloria, yo diría que es ese frasquito que descansa en mi heladera y que poquito a poco se va vaciando.

Imagino que en el Sur argentino habrá otras mucho más deliciosas (los dulces de ahí son de lo mejor que probé en mi vida), pero yo ya estoy muy contenta con esta exquisitez que fabrican los de La Campagnola.

Quiero dejar en claro que para mí la felicidad no existe. No se trata de una máxima pesimista: considero que se puede tener buenos y muy buenos momentos. Pero la palabra felicidad me parece pretenciosa, como que aspira a algo perfecto, sublime. Una payasada. ¿Qué es la felicidad, acaso? ¿Y cuánto dura? Suena a algo efímero, inalcanzable. Paradójicamente, creo que todas las personas nos pasamos la vida luchando por conseguirla, por llegar a un status de placer absoluto.

Igual no importa, el párrafo anterior da para largo y yo quiero escribir sobre algo corto. El frasquito que tengo en la heladera mide apenas 13 centímetros y contiene 454 gramos de riquísima mermelada de arándanos.

Sí creo, en cambio, en estos detalles que parecen ínfimos, pero que pueden mejorar nuestro ánimo. A veces me pasa que es la hora del almuerzo, pero yo me tomaría un café con leche con tostadas untadas con este dulce de color uva. Otras me sucede que me despierto a la noche, pero me vuelvo a dormir rápido, porque pienso: “Descansá, descansá tranquila. Total, en unas horas disfrutás de la mermelada”. Y otras, la extraño: si estoy en lo de una amiga y es tarde, me vuelvo igual a dormir a mi casa. No vaya a ser cosa que me levante, abra la heladera y ella no esté ahí para alegrarme la vida.

lunes, 27 de julio de 2009

MICROENAMORAMIENTOS


Un microenamoramiento se produce cuando te cautiva alguien a quien no conocés. Alguien a quien te cruzaste en el colectivo o caminando por la calle, o en el supermercado: alguien de quien seguramente no sabés ni el nombre y seguramente jamás lo sepas, porque seguramente jamás te lo vuelvas a cruzar. Seguramente.

Un microenamoramiento tiene una duración efímera, pero inmensamente intensa. Y parece que es una cuestión física, pero no siempre es así: a veces te microenamora una sonrisa, o unos ojos, o una actitud: resulta que lo viste en el colectivo ayudando a bajar a una abuelita y te microenamoraste.

Martín Caparrós contó en su libro El Interior que en Santiago del Estero un hombre le habló sobre la diferencia entre cómo se acerca a una chica un porteño y cómo lo hace un santiagueño. “El porteño es encarador, porque tiene que aprovechar el momento. Si la ve en el subte, tiene que ir y hablarle, declarársele. Porque después no la va a ver nunca más. La ciudad es grande y son millones. Acá, en cambio, si yo veo a una chica linda sé que al otro día me la cruzo en la plaza del pueblo”, le explicó.

Seamos claros. Si te gusta un compañero de trabajo, no es un microenamoramiento. El hecho de que lo veas regularmente elimina esa denominación. No vale que se trate del almacenero del barrio, del profe del gimnasio o del compañero de la clase de inglés.

Lo mejor de los microenamoramientos es que ocurren prácticamente todos los días. Ventaja: no implican un compromiso, no hay rutina que amenace. Contra: se trata de un sentimiento platónico, que seguramente no se concretará. Seguramente.

...


En fin, escribí todo esto para decirte a vos, chico que atiende el local de venta de sillones de la calle Bravard, que me gustás, ¿sabés? Que hoy volví a tu negocio y recordé que ya había estado ahí un año y medio atrás, cuando me pasaste los precios de un futón. Te digo, chico, que me volví a (micro) enamorar. Que me encanta tu risita de vendedor simpático con esa pizca de timidez, tu barba de cuatro días y tu trato agradable. Y que si tuviera plata, quizá te compraría algo, sólo para cruzarte alguna vez más. Porque me gustás vos, pero no las cosas de tu local. Te digo a vos, chico, que yo te microamo.

martes, 21 de julio de 2009

VERSIONES DE BAJAS TEMPERATURAS



El solo hecho de mencionar la palabra frío me hace encoger los hombros, pero no sólo por el significado en sí, no sólo porque se trate de algo gélido: la palabra frío es helada.

Resulta que hay diferentes fríos. El frío climático, claro, al que ya conocemos todos. Existe gente de sangre caliente que lo disfruta; hay otras que lo padecen y, peor e infinitamente triste, hay personas que se mueren de frío.

Hay tipos o tipas a los que se los acusa de pechos-fríos: son los que no tienen ese sentimiento impulsivo, esa energía para reaccionar en determinado momento. Son los que no transmiten nada, los colgados, los displicentes, los que no se inmutan, los que se puede estar viniendo el mundo abajo y los tipos o tipas ahí, como si nada pasara.

Este es un término común en el deporte. A Daniel Montenegro, un jugador de Independiente, por ejemplo, le dicen Montehielo. A Juan Román Riquelme, genialmente talentoso con una pelota en los pies, con un cerebro futbolístico al nivel del de Albert Einstein, muchos lo catalogan con ese mote. Resulta, entonces, que uno es pechofrío de acuerdo con el ojo que lo mire.

Hay personas que son frías para decidir, hay otras que son frías para enseñar, hay otras que son frías para definir, hay otras que son frías para aconsejar o para hablar. Para decir: el sonido de sus palabras es frígido.

Yo me enteré hace poco, pero hay teorías que afirman que los esquimales se fueron al frío porque, cuando llegaron desde Asia, fueron rechazados por los indios norteamericanos. Ellos se fueron al hielo, pero los helados fueron los que los relegaron. Y los esquimales se erigieron en un pueblo acogedor y pacífico.

A veces, que te digan frío representa un elogio. Y en ocasiones hay personas a las que uno quisiera congelar.

Lo peor, sin dudas, es la frialdad de sentimientos: no reír, no festejar, no conmoverse, no emocionarse, no demostrar, no disfrutar. No permitirse –o no pelear– por una vida lejos de cualquier baja temperatura.

sábado, 18 de julio de 2009

PIROPO. ¿PIROPO?

"Vos sos muy under"

lunes, 13 de julio de 2009

jueves, 9 de julio de 2009

UNO, SOBRE UNO MISMO

Alguna vez me referí a las entrevistas laborales y ahora pongo un ejemplo exacto. Una vez me vi forzada a escribir esto:

Uno de mis puntos fuertes es que siempre busco perfeccionarme. Esa insistencia en superarme profesionalmente es uno de los motivos que me lleva a postularme esta vez. Además, tengo iniciativa, profesionalidad, me gusta trabajar en equipo y me adapto a diferentes funciones.
Mi responsabilidad es defecto y virtud, porque muchas veces mi pasión por el trabajo que hago me vuelve obsesiva en el ámbito laboral. Ese es un punto a mejorar, porque algunas veces este escenario no me permite disfrutar en plenitud de lo que hago.

Y tuve que redactar mi autobiografía:

Nací en Monte Grande, Buenos Aires, el 2 de noviembre de 1982 y soy la primera hija del matrimonio de Eduardo Pujol y Marta Wechsung. Dos años después llegó Andrés, mi único hermano.
En 1989 con mi familia nos mudamos a Valle Hermoso, Córdoba, por iniciativa de mi padre, que quería que mi hermano y yo tuviéramos una infancia en contacto con la naturaleza. Cinco años después volvimos a Monte Grande, pero la experiencia en el campo fue muy valiosa.
En Valle Hermoso comencé un curso de dibujo (que abandoné después de dos años) e inicié mis estudios de folklore, que terminarían en el año 2000, cuando me recibí de Profesora de Danzas Nativas.
Durante la infancia y la adolescencia practiqué varios deportes: tenis, básquet, vóley y atletismo. Eso hizo en gran parte que me interesara en el Periodismo Deportivo.
Desde hace tres años me independicé y vivo sola en Capital Federal. Además de trabajar, dedico mi tiempo a ir al cine, a leer y a estudiar música: toco el saxo desde hace dos años.

Vergüenza ajena (o propia, en realidad).

miércoles, 24 de junio de 2009

EL FRIO, EN VIVO Y EN DIRECTO


El reloj de la computadora –que está coordinado exactamente con la hora que da el 113- me dice que son la 1.23. Acabo de llegar de un recital y en los últimos 75 metros que hice decidí correr: temí morirme de frío, quedarme dura en el camino a mi casa, por la baja temperatura.

Hice una pausa después de escribir el primer párrafo que acaban de leer, para buscar el control remoto, poner TN y ver la temperatura: 6º2 y 4º3 de sensación términa.

Estoy en condiciones de confirmarlo: Clarín miente. Afuera no hace más de -2 o -3 grados.

Yo, por ejemplo, ya tenía mis piecitos fríos en pleno recital y se trató de un show en el que hubo alrededor de 150 personas. Correr esos 75 metros (aclaro: con las manos en los bolsillos) no cambió mi temperatura corporal y mis pies siguen helados. Me pregunto por qué rechacé aquella vez la bolsa de agua caliente que mi abuela quiso regalarme.

Tengo dos estufas prendidas en este instante. Estoy vestida y me quiero acostar, pero siento que mi cuerpo no va a tolerar el tiempo que me demande cambiarme y ponerme el pijama.

Pienso en lo cruel que es el frío. Es como cuando tenés seis años y tu vecinita te dice –en la esquina de tu casa, donde te encuentra andando en bicicleta- que Papá Noel no existe, que son tus papás. Es más cruel que eso: es como cuando vos le preguntás a tu mamá si tu vecinita tiene razón, y tu mamá no se esmera ni un poquito en mantener tu fantasía: “Sí, es verdad”, te contesta.

El frío es cruel, carajo. Es como cuando te hacés pis en la fila en primer grado y uno de tus compañeros se burla de vos, delante del resto, señalándote. Es como cuando una profesora de la secundaria te hace pasar al frente porque no hiciste la tarea y te avergüenza, mofándose frente a tus compañeros de que no estudiaste. Es como cuando el chico con el que salís te lastima sin sentido, es como cuando tu papá te dice que está en contra de lo que vas a estudiar, es como cuando escuchás a tus compañeros de trabajo hablar peyorativamente de otra mujer.

Me voy a acostar, disculpen la catarsis. Es que el frío me hace mal.

domingo, 21 de junio de 2009

UNA HISTORIA DE AMOR

La chica le dice que no, pero en el fondo tiene un deseo profundo, intenso, de arrebatarle un beso. Sí, a las chicas eso también les pasa. De fondo se escucha un violín, después un acordeón, después rasguitos tristes de una guitarra. Alrededor hay gente y hay un bar y la gente intercambia conversaciones en diferentes mesas.

Por allá se ríen, por acá más cerca ni se miran: toman un sorbo de café, pasan páginas de un diario que vende noticias que ya son viejas. En la otra punta, al mozo se le va la mirada en una muchacha que pasa por la vereda, despampanante, con su pollerita minúscula; mientras la muchacha despampanante, con su pollerita minúscula piensa en lo que hizo ayer, en el problema familiar y en el hombre que la enamoró el otro día.

La chica ya dijo que no y el chico, que hasta hace instantes era su chico, se aleja, apesadumbrado, enojado y dolido. Si en ese instante le preguntaran qué es el amor, ella respondería que tiene forma de papel arrugado, apretujado. Que se parece a un vaso que se acaba de romper. Que se podría haber evitado que se rompa, pero que fue instante de distracción el que desencadenó todo esto.

El café con leche está frío y ahí, en la mesa, hay dos medialunas que ni se tocaron. Y también miguitas de una que ya se comió, pero sin ganas, sólo para ingerir algo después de días de no tener ganas ni de alimentarse.

Hoy, es el mismo bar en el que ella le dijo no, cuando en realidad quería decir sí. Sí, dale, luchemos, si nos gustamos, cambiemos, pero quereme como soy. Es el mismo bar y él aparece, casi diez años después: es todo lo mismo, sólo que hay algunas arruguitas en la comisura de los ojos.

Hay un orgullo que quedó tirado en el piso, está él, que aceptó errores pero pidió disculpas, está ella, que hace unas horas se preguntaba: ¿y qué pasará si lo llamo? Si le preguntaran qué es el amor, contestaría que es algo que nace, muere y nace, nace, muere y nace, nace, muere y nace.

sábado, 13 de junio de 2009

MUSICA DE SABADO



Entrás a Youtube, en plena jornada laboral, para aislarte un poco, y encontrás esa voz. ¿A quién no le gustaría tener esa voz? Escuchás el tema una y otra vez, te aislás más todavía y se te dibuja una sonrisa. Es esa música, es esa voz: entonces sentís que te podrías ir bailando buena onda por el centro porteño, moviendo los hombros, suave, al ritmo de la melodía, sonriéndole al frío. Y eso que es junio, y no marzo. Dale, poné play y decime que no.

lunes, 8 de junio de 2009

TORTUGUITA

Voy a escribir sobre una chica y no la voy a nombrar: no son épocas para mandar al frente así porque sí a alguien a quien no le gusta exponerse. No es el día, en realidad, porque hoy es su cumpleaños y esa chica a la que no voy a nombrar además es mi amiga.

Voy a escribir que se parece a una tortutiguita: ella todo lo hace lento. En alguna reunión nos ha hecho esperar horas para comer el wok tan rico que cocina: cortar las verduritas en juliana le lleva su tiempo.

Esta chica está loca, aunque ella dice que -según su mirada, claro- es la más cuerda de todas. No importa, de cerca nadie es normal. Además, nosotros la queremos porque es así. La queremos porque:

La vimos saltando por la calle. No avanzaba caminando: avanzaba saltando porque tenía ganas de saltar.
La vimos tirar patadas por los pasillos de su casa. Ese día había visto Kill Bill y le dieron ganas de dar patadas.
La vimos –o la escuchamos- pedir de regalo para un cumpleaños unas botas de cowboy. La vimos usarlas, también.
La vimos usar sombreros diferentes todos los días durante su adolescencia.
La vimos –o la escuchamos- preguntarle a un grupo de gente que ya conocía si alguno era marinero, porque ella necesitaba hacer un nudo marinero. Anonadados, contestamos que no. “¿Y nadie está vinculado a la náutica?”, siguió.
La vimos salir con alguien que la doblaba en edad (y un poquito más también).
La vimos –o la escuchamos- decirnos que se cansaba de vernos todos los días.
La vimos ponerse mal, muy mal, fóbica, cada vez que tuvo una paloma cerca.
La vimos llegar con los dientes violetas, después de haber ido a una feria de vinos.
La vimos bailar híper recontra súper archi sensual en un boliche de mala muerte en Uruguay.
La vimos llorando, después de reírse a carcajadas durante un rato largo.
La vimos vestirse de rolinga, con una remera de los Redondos, pañuelo al cuello y zapatillas Topper naranjas, durante la secundaria.
La vimos llegar última a su propia fiesta de cumpleaños.
La vimos rociar un envoltorio de rollo de fotos con su perfume preferido y la vimos abrir ese envase, y olerlo, cuando atravesaba alguna situación que no le hacía bien.
La vimos sorprenderse y decir: “¡Qué loco, hay edificios!”, en la terraza de su propia casa, donde vive ya hace más de tres años.
La vimos fanatizarse con la canela al punto de comprarse chicles de ese sabor o aspirarla de un capuchino.

Veremos qué otra locura hace hoy. Ahí estaremos para mirarla, para abrazarla y para decirle… ¡Feliz cumple, tortuguita!

jueves, 4 de junio de 2009

DOÑA BAMBINA

Había una vez en Monte Grande una señora que se llamaba Doña Bambina. Su nombre era así, al menos en la intimidad de mi casa: mi abuela Paula y mi mamá la mencionaban cada vez que Andrés y yo teníamos dolores en nuestra pancita de chiquitos.

Para mi hermano y para mí, era un ser súper misterioso. Casi que nos daba miedo. Doña Bambina nos recibía en su casa toda vestida de negro y con un rosario que le colgaba del cuello. De negro, toda: zapatos, medias, pollera y pullover. Nunca lo hablé con mi hermano, pero su ropa interior seguramente también debía ser de ese color. El me diría que mejor ni pensarlo.

Cada vez que íbamos a curarnos el empacho, mamá nos contaba su historia: Doña Bambina estaba de negro por una cuestión de luto. Lucía así desde el día de la muerte de su único hijo.

Doña Bambina era canosa y tenía el pelo largo atado con una colita. Había venido desde Italia y en su casa siempre había harina por todos lados, porque se la pasaba amasando pastas. Hoy me resulta insólito: hacía salsa una vez por año y la guardaba en botellas, para el resto de los 12 meses de la temporada.

En su hogar, que quedaba enfrente de los de unos tíos (por eso nos enteramos de la existencia de la sabia Doña Bambina), ella tenía una parra de uvas, una huerta y vivía con su marido. Enigmáticamente, a él nunca lo vimos.

Doña Bambina era católica y era muy creyente. Muy. Ahí mismo, donde atendía a cientos de chicos que llegaban con empacho, ojeo o problemas en los tendones de las manos o los pies, tenía un altar con una foto de aquel hijo fallecido. Ella se había abrazado a ese dolor de por vida. Y curar, daba la impresión, era algo así como su misión.

Atendía todos los días, salvo los domingos, que iba a misa y se dedicaba a sus fideos. Eso sí: si algún niñito que iba estaba en serios inconvenientes, se hacía un espacio y lo sanaba. Su método era sencillo: si tenías empacho, se persignaba y recorría una cinta que iba desde su panza hasta la tuya, rezando alguna oración. Si tenías ericipela, te la sacaba con un cuchillo: hacía la señal de la cruz y también recurría a la oración. Yo una vez fui por una culebrilla que me atacó en mi pancita, justo al lado del ombligo: me curó con tinta china. Y me curó, eh.

-Mami, ¿qué dice Doña Bambina? – interrogué a mi madre en el viaje de vuelta. Yo tendría unos siete años.
-Doña Bambina dice oraciones que sólo ella sabe. Porque si las cuenta, pierde sus poderes. Ella las contará antes de morirse, en alguna noche de Navidad, para pasarle sus dotes a otra persona.
-¿Y se sabe todo de memoria?
-Sí, pero igual las tiene anotadas en un cuadernito.

Ayer llamé a mi mamá, porque me acordé de Doña Bambina. Mamá me confirmó que se murió con lo que sabía, que no se lo pasó a nadie. Después de cortar la comunicación telefónica, reparé en que yo no creo en curanderos (o curranderos, como dice el rey de los neologismos Raúl Portal). Pero en ella sí creía. Una sabia, Doña Bambina.

lunes, 25 de mayo de 2009

GOTITA QUE EMPAPA DE ALEGRIA

Como una de esas tantas cosas postergadas, esta quedaba ahí, en un listado mental que es eterno (y que recuerdo y repaso todos los días sistemáticamente).
+ Comprar la Gotita, aparecía, imaginariamente, con ese signo + adelante.

Un día fui a un supermercado chino (que en realidad es un supermercado argentino atendido por chinos) a comprar chicles. No sé por qué, me acordé. “Cuatro pesos”, me dijo el señor que atendía. Y la llevé.

Es mágica. ¡Y tiene ese nombre en diminutivo! ¡Y en minúscula! Como si sus soluciones fuesen humildes, austeras, como si el que la creó hubiese querido minimizarla.

Con la Gotita arreglé la bota que había pensado llevar al zapatero, pegué el anillo que estaba roto y que había pensado tirar, reparé una silla de mi casa, recuperé un adornito que ya quedaba feo y tengo mil planes para hacer con ella en estos días.

Ahora que ya tengo varias cosas resueltas (parece increíble, pero la Gotita me hizo borrar otros signos +, como un efecto dominó), me pregunto por qué no venderán en los kioscos algo un poco más caro quizás, pero que también sirva para arreglar algunas cuestiones un tanto más importantes.

Total, lo que la Gotita pega, nada, nada lo despega.

miércoles, 20 de mayo de 2009

HAY ALGUIEN QUE DUDA...


... Y tiene una duda cruel. ¿Se vuelve de esa indecisión? ¿Y en general, para qué lado? Cacheuta, Mendoza. Febrero de 2009.

sábado, 16 de mayo de 2009

DE CITAS Y ENTREVISTAS LABORALES

Como en una primera cita, en una entrevista laboral una muestra lo mejor que tiene: habla de cosas positivas, menciona progresos personales y otros profesionales, se refiere a objetivos a veces serios, a veces originales y siempre buena onda.

Como en una entrevista laboral, en una primera cita una se viste bien dentro de su estilo, cuida las formas, trata de ser simpática y graciosa, pero no de mostrarse huraña o insoportablemente bromista.

Si a uno le interesa el trabajo, es agradable, manifiesta su interés, se vende: que quede claro que tiene intenciones de quedarse con el puesto y que una está predispuesta a brindarse. Si a una (o a uno, el género es indistinto en cada una de estas palabras) le interesa el chico en cuestión, manifiesta su interés, se vende: que sutilmente el otro note que una la pasa bien, que el otro le gusta, que está dispuesta a repetir la salida.

Una primera cita. Una entrevista laboral. Son lo mismo: una es igual en una y también en otra.

sábado, 9 de mayo de 2009

ESO DE SER "HERMANO DE"

El 9 de marzo de 1992, Raúl tenía 25 años, Hugo tenía 22 y estaba en el fútbol japonés y Diego, el hermano mayor, el más famoso de los Maradona, cumplía la suspensión por el dóping positivo por cocaína que le había saltado en un partido con el Napoli. Ermindo Onega, crack, había muerto 13 años atrás y su hermano Daniel tenía 46 años: pese a jugar más de 200 partidos en la Primera de River el nombre del mayor era el preferido de los hinchas. Andrés Aimar tenía 11 años y Pablo dos más: en algún momento el más grande llegó a decir "mi hermano es mucho mejor que yo". El 9 de marzo de 1992 nació Federico Coria, que hoy tiene 17 años y un hermano que, con 27, anunció su retiro del tenis. El menor hace y es –o quiere hacer y ser- lo mismo que el mayor.
Si el destino es un dibujo que ya existe, hubo un artista que, a priori, fue poco creativo: hasta ahora, el carácter deportivo de Fede tiene el mismo trazado que el de Guillermo.

Federico Coria es el hermano de Guillermo. Con apenas 17 años ya pasó por todo lo que atravesó el mayor. Ya lo compararon, pero sobre todo ya se comparó. Ese tema surgió constantemente en una nota que le hice hace unos días: la carrera que eligieron, los tropezones vividos como fracasos, la personalidad. Los dos. Las mismas cosas.

Fede (un nene simpático que habla mucho y hace chistes, aunque no mira a la cara a su interlocutora) jugaba también al fútbol, pero dejó a los 12 años. Contó: "El técnico nos dijo que íbamos a practicar pegarle con la zurda. Yo no sabía y eso me daba vergüenza. En realidad mis compañeros tampoco sabían, pero yo no lo toleré, era muy exigente. Y dejé". Insólito.

Me dio la impresión de que si su hermano era autoexigente, él es (o era, porque dice que algo cambió y que quiere seguir cambiando) cien veces peor. Otra frase: "De chico siempre fui comparado con mi hermano. En cada cancha escuchaba los comentarios de la gente, que me venía a ver por él. Decían: "Mirá, juega como el hermano". O: "Es malísimo". A mí me daba bronca. En mi cabeza tenía una sola cosa: pensaba que no podía perder, que si era su hermano tenía que ganar".

A los 16 años, Fede se enojó mucho -muchísimo- con sí mismo. Dice que le iba mal, que perdía en semis. Le aclaré que llegar a semifinales era conseguir un buen resultado. Se rió. Para él no, definitivamente. Entonces se deprimió: estuvo meses encerrado en su habitación. "Lo único que hacía era dormir, no tenía ganas de otra cosa", explicó. En ese momento tenía 16 años.

Tuvo problemas con el saque (igual que su hermano), repite que a él no le gusta perder a nada (igual que su hermano) y ahora volvió a jugar porque quiere ser tenista (igual que su hermano).

Su historia es increíble y aunque no me gusta escribir acá cosas deportivas, la quería contar porque estuvo muy bueno conocerlo. Por su bien, sólo espero que le vaya bien.

domingo, 3 de mayo de 2009

MODAS AÑO 2009

¿Vieron que ahora la gente firma los mails con su inicial en vez de con su nombre?

¿Y que se ponen la dirección de su blog en el "escribe un mensaje personal" del MSN?

¿Vieron?

jueves, 23 de abril de 2009

CARRERA POR CONSEGUIR UNA IDEA (Un texto para leer bien rápido)

Uno, dos, tres, ya. La carrera por encontrar una idea acaba de empezar. Transito el andarivel tres, ahí, en el medio de la pista. Después del disparo que marca el inicio, los demás corredores se me alejan y yo, que en el pasado tenía un tranco largo, firme y seguro, ahora apenas troto.
No corrí muchos años, pero mi capacidad parece haberse reducido. Sobre todo en los últimos tiempos. Corro, corro, corro. Nada: no se me cae una idea. Uno que había quedado rezagado, me pasa como tromba y me despeina. Avanzo a paso lento y van surgiendo cosas, pero son nimiedades, cuestiones superficiales.

¿Escribo sobre las tres cosas que me llevaría a una isla desierta? No, ya soy demasiado autoreferencial. ¿Sobre política? Mmm, no es un espacio para tratar cosas serias. ¿Algo del pasado? Naaa, basta, aburre.

Germinan esas ideas, vagas, insignificantes, sin interés, y me gritan desde las tribunas.

-¡Vamos, che, que esto es una carrera, algo tiene que salir!

Transpiro, me agoto, siento que no puedo más. Intento ayudarme con los brazos y el número cinco que tengo pegado en la remera parece que va a despegarse. Todavía me falta para la meta.
¿Pongo el otro video de mi abuela Kika? Eso fue hace apenas cuatro posts más abajo. ¿Y si reflexiono acerca de la desidia? Zzzzzz, cualquiera que lo lea se duerme.

Busco aire, abro la boca, creo que necesito un respirador artificial. La cinta de llegada está tirada en el suelo: alguien ya la tiró, otros tantos ya la pisaron y están elongando allá, abajo de un árbol.

Corrí 400 metros, utilicé nueve párrafos, recurrí a 29 líneas, 272 palabras, 1335 caracteres sin espacio y 1637 con espacios. No se me cayó una sola idea. Nada. La mente en blanco. O con muchas cosas, pero vacías. Nada.


-....


-Esperen, ¿todo esto fue una idea?

sábado, 18 de abril de 2009

OTROS MUNDOS

En un Golden, un chico todo musculoso todo inflado me acompaña a la mesa en la que están mis amigas. Está vestido como un mozo, pero no tiene camisa: está en cueros y con un moñito. De fondo, hay una pantalla en la que pasan video clips pedorros: se suceden Luismi, Cristian Castro, Paulina Rubio y Chayanne. Un animador se burla de las descontroladas/desquiciadas, nos hace reír y agita al público al grito de "la que no hace palmas se le caen el culo y las tetas, y queda embarazada rápido". Unos minutos después, amenaza: "Chicas, si no hacen quilombo los muchachos van a salir con la totola chiquita, eh".

En un torneo de Poker, un tipo, que es el mejor jugador argentino, me enseña las reglas del juego. Me hospedo en un hotel cinco estrellas, majestuoso, imponente, en una habitación que es igual que mi casa y que tiene un plasma. La gente participa en un torneo y le dedica 12 horas del día al poker: usan anteojos negros para que los rivales no vean sus expresiones, juegan con sus fichitas y les pagan a unas mujeres de negro para que les hagan masajes. Ellas les cobran un dólar por minuto. El mar de Mar del Plata los mira sin comprender. ¿Yo? Yo también los observo desde ahí.

sábado, 11 de abril de 2009

PREGUNTAS

Que vayas a un recital sola. Que vayas sola y bailes sola, ahí, cómoda, en el medio de la platea, donde la gente está bien vestida y toma diferentes bebidas, mientras en el campo ésos que pagaron bastante menos están apretados y se mueren de calor. Que en el medio del show te encuentres con un alumno. Que se trate de un alumno que tiene apenas dos años menos que vos, pero que a vos (él, sus palabras y sus actos, y hasta sus textos) te den una ternura tal que lo mirás como si en realidad la diferencia de edad fuese de décadas. Y te hacés la tonta, obvio, la que ni lo conocés, porque no da que te vea en un recital sola, bailando sola y en una posición de capitalista total.

Todo eso, ¿quiere decir que estás muy grande? ¿O que no lo estás pero hacés como que sí? ¿O que quemaste varias etapas? ¿O que en el fondo seguís siendo infantil? ¿O será que estás llena de prejuicios y dedicás tiempo a hacerte preguntas bobas? ¿Recital? ¿Sola? ¿Platea? ¿Quiere decir? ¿Será?

jueves, 2 de abril de 2009

TEORIA

La belleza, el significado de la belleza, es universal. Todos sabemos que Brad Pitt es un hombre hermoso, que Scarlet Johansson desparrama perfección estética. Son lindos naturalmente. Para vos, para mí y para todos: es algo visible y real. Que te gusten o no es otra cosa.

Después estamos los demás: cada uno con sus argumentos especiales que pueden transformarnos en alguien infinitamente bonitos. Argumentos especiales: una simpatía, una inteligencia, unas pestañas largas, unos ojos celestes o una mirada tímida, una sencillez, una sonrisa, una ingenuidad o una desfachatez, un talento particular para algo.

martes, 24 de marzo de 2009

KIKA

video


La señora que habla sobre mí es mi abuela. Pero no le decimos abu, ni abue, ni abuelita: ella es Kika. Y queda claro, es mi fan número uno. Aquellos que me conocen saben que este video no fue arreglado: lo que ella dice es lo que piensa. ¿Cómo es que alguien te quiera así? ¡Buenísimo!


Kika es mi fuente de consulta. Y no sólo me da consejos para cocinar, sino que opina de todo: qué ropa me tengo que poner para determinada situación, qué remedio tengo que tomar si me siento mal y hasta cómo debo resolver una situación amorosa. A veces falla, pero yo siempre le digo que me dio la recomendación exacta.


Kika es optimista, es charlatana, es híper coqueta. De hecho, se molestó un poquito porque la filmé y no la dejé ir a pintarse antes. Fue maestra de toda una generación en Monte Grande y cuando vamos por la calle, muchos de ellos la paran para saludarla. A todos les dice que los recuerda, aunque cuando se alejan me confiesa que no tiene ni idea de quiénes son.


No entiendo cómo los productores de televisión todavía no se avivaron. No entiendo cómo no hay un programa hecho por un grupo de abuelas piolas que hablen sobre actualidad, política, cocina, música... Que discutan entre ellas y nos den su visión del mundo. Por eso, prometo para más adelante otros videos, con consejos de mi abuela para nosotros, la gente joven.


Kika fue maestra, decía, fue Directora y, una vez jubilada, se dedicó a ayudar. Fue presidenta de las Damas de beneficencia de Monte Grande y secretaria de la filial de la Cruz Roja de la ciudad. En este último tiempo se cansó de todo y su tarea es llamar a toda la familia por teléfono desde su casa. A mí, por ejemplo, me llama todos los días. Después de haberla grabado, me pidió que le contara qué decía la gente sobre este video. Así que escriban, que yo le transmitiré todo.

viernes, 20 de marzo de 2009

LOS REYUNOS (Anotaciones personales)


Bajada al lago en el sector del Camping El Tigre. Estaba sentada en la orilla y unos nadadores que se entrenaban para un triatlón me invitaron a nadar con ellos. Acepté. Ellos iban adelante, exigiéndose, y yo iba detrás, con la hija de uno de ellos, que era la que me protegía, por las dudas. Es que le tengo pánico a las aguas abiertas. Es como que te abandonen desnuda en el medio del desierto: una sensación de desamparo absoluto. Pero nadé. Cien metros de ida, y otros cien de vuelta. En ese periodo, me desesperé. No sentía más que el ruido de las burbujas que yo misma generaba debajo del agua y el que hacían mis aritos. Me perturbó el hecho de no saber a qué distancia estaba el fondo y a cuánto la orilla. Todo el tiempo pensaba: ¿Y si me quedo sin aire? ¿Y si me agarra un calambre? Estaba en el medio de la nada: me preguntaba dónde quedaría el hospital más cercano. Pero llegué y casi le doy un beso a la superficie. Los nadadores (a quienes les conté todo esto cuando regresamos), me felicitaron.


A la vuelta le pagué a un muchacho para que me lleve de regreso al pueblo. Me invitó (insistentemente) a cenar. Era algo así como el señor feudal de Villa 25 de Mayo. Minutos antes me había contado que su ex mujer se fue a vivir a La Pampa y dejó a su hija en la casa de sus suegros. Que él ahora estaba peleando por la tenencia, que la ex mujer era una turra, que él llevaba a la nena a la casa de sus padres, porque no vaya a ser cosa que a la nena le pasen delante de él las cosas que les pasan a las mujeres. Gentil, protocolar y muy amablemente, le dije que no. Que gracias por la invitación, pero no.


Bajada al lago en el sector del Club de Pescadores (foto de mi autoría). Hice dedo y me levantó una mujer, que viajaba con su hijo y su madre. Las dos me dieron muchos consejos, pero hubo uno que me impactó más que el resto: "Mirá mamita, viajá sola todo lo que puedas. Hacelo, mami, disfrutá mucho. Y tené hijos de grande. Pero tené hijos, mami, porque una mujer se frustra mucho si no los tiene. Tenelos: no importa con quién. Buscate un buen semental. Total, una noche de borrachera la tiene cualquiera. Después ves. Si te enamorás y funciona, mejor. Y si no, mami, lo echás a la mierda y te quedás con el nene".


Ellas, Vale y Angie (de Angelina), viven actualmente en San Bernardo. No sólo me dieron consejos. También me contaron una teoría bastante interesante que elaboraron: la "Pitodependencia". Me explicaron: "La Pitodependencia se produce cuando la mujer deja toda su vida de lado por un pito. Consigue el pito y no hace nada. Sólo está en su casa y piensa en dos cosas: en la comida y en el pito. Entonces come, mami, come mucho, se vuelve gorda, se viste mal, se pone fea. Se achancha, mamita. Y el pito empieza a buscar otras cositas afuera de la casa. Pero la mujer sigue ahí, pitodependiente: su vida no tiene sentido. Y se resigna. Total, mami, mientras el pito esté, todo bien".

SAN RAFAEL (Anotaciones personales)

El otro día vi a una pareja formada por una suiza rubia, alta, grandota y voluptuosa, y un turco petisito, morocho y muy muy muy flaco. Rarísimo.

Acá hay muchos cóndores. La señora cóndor es la que busca la comida para el macho, porque tiene mejor vista. Y cuando ella se muere (pueden llegar a vivir unos 80 años), el señor cóndor se suicida: desde unos 5.000 metros se lanza al vacío. Yo creo que es lo menos que pueden hacer los muy machistas.

En San Rafael es muy cara la ropa que en Buenos Aires es muy barata. Las frutas y las verduras, sin embargo, son más económicas y mucho más sabrosas.

¡Al fin puedo decir que me gusta el vino! Probé y aprobé el Mistela, ese que toman los curas en la misa. Aunque no puedo mentir: me dijeron que en realidad el Mistela más que vino es una especie de licor. "Shhhh, no me cuentes más nada -le susurré al bodeguero-. Siempre queda bien decir que a una le gusta el vino".

¿Cuál sería mi peso actual si, como hice en este viaje, tuviese la siguiente seguidilla de cenas: domingo, empanadas; lunes, canelones; martes, asado; miércoles, milanesa napolitana con puré; jueves, ocho sorrentinos con salsa filetto?

Una noche cené con Jennifer, una de las personas más lindas que conocí en este viaje. Canadiense, ella vive en Quebec y tiene 61 años. Fue maestra en una escuela para chicos especiales, pero ya se jubiló y ahora trabaja para el gobierno. Cada año, durante tres meses, se va de viaje. Dulce y cálida, fue como mi mamá por unos días. Me despertaba con un "¡Buen día! ¿Cómo has dormido?", con el acento típico de un extranjero que habla castellano. En su recorrido por Sudamérica hizo, entre otras cosas, trabajo voluntario en una chacra en El Bolsón. Igualmente, estos últimos días se sintió un poco triste, porque exrañaba a su nietito de tres años. Cuando la despedí se iba a Santiago de Chile y de ahí a su país. Me saludó con un abrazo, dos besos y un anhelo para mí: "Yo deséo-te, Ayelén, que tu encuentres al hombrrrggge de tu vida. Ehhhmmm (pensando palabras en español)... Y que sea un hombrrrggge de un grande corazón".

lunes, 16 de marzo de 2009

MENDOZA (Anotaciones personales)


Hacía tres años que no vacacionaba en la montaña y ahora que estoy acá, agotada de caminar y de pedalear en subida, pienso en el mar. Me doy cuenta de que el mar ofrece y la montaña exige. El mar te da su arena, lisa y llana, para que vos te tires a observar el movimiento de sus olas. La montaña te pide que la escales. Y para ver más, y más lindo, tenés que ir lo más alto posible.

Vine al Cerro de la Gloria en bicicleta. Se la dejé para que me la cuide a un policía. Me dijo que sí. Pero me pidió mi nombre y mi apellido (incluso el apellido materno), y mi número de D.N.I. Me asustó. Tenía cara de violador serial.

¿Cuál sería mi peso actual si todas las mañanas de mi vida desayunara un té, tres medialunas gigantes, otro té y dos panes caseros con manteca y dulce de leche?

Gracias ESPN. Gracias por esos tres años maravillosos (¡!), por los amigos, por el conocimiento que me regalaste. Gracias por hacerme saber sobre Federer, Wawrinka, sobre el Basilea y los argentinos que jugaron ahí (Christian Giménez y Julio Rossi), por hacerme escribir sobre ese equipo y su actuación en la Champions League. Gracias, en definitiva, por la charla compartida anteanoche, en mi cena con Alexis, mi (nuevo) amigo de Lausana.

Ahora dicen que el hijo del panadero del Valle de Uspallata fue el doble de Brad Pitt en la película "Siete años en el Tibet". Cuenta Liliana: "El actor estadounidense estuvo filmando aquí porque el paisaje se parece al Himalaya... Con la diferencia de que acá es más barato. Bueno, lo cierto es que el hijo del panadero fue actor de Holywood por un rato. Actualmente se encuentra en España, trabajando". ¿De actor, Liliana? "Sí".

Leí una nota en el diario Los Andes y me quedé un poco preocupada. Resulta que hay chicos de escuelas rurales que no empezaron las clases porque no tienen maestras. Desde la gobernación publican avisos pidiendo docentes para esos cargos, pero nadie se presenta: los ahuyenta la problemática social y los bajos sueldos. Incluso llaman para ocupar esos puestos a estudiantes que todavía no se recibieron. Es insólito: los chicos que más necesitan educación, más lejos la tienen. Ah, sólo el 12,9 de los padres de esos nenes terminaron la primaria.

Después de andar todo un día en bicicleta recordé una frase de Woody Allen en Manhattan Murder Mistery. Una pareja de viejitos le contaba que les encantaba hacer ejercicio físico y le preguntaban si él caminaba o hacía algo. Woody contestó: "No, yo prefiero atrofiarme". No sé si fue por eso, pero yo hoy me fui a las Termas de Cacheuta (foto). Es un complejo termal rodeado de cerros: algo así como el paraíso del placer para el cuerpo y la mente. Igual, como a la mañana había leído aquella nota en el diario, me dio un poco de culpa.