viernes, 18 de junio de 2010

UNA HISTORIA DE AMOR III (bis)

La conoció así, casi en plan de buscador de almas esforzado, pero seguro de sí. Convencido del nuevo descubrimiento, abonado a la fe en las palabras como agentes reveladores de la sensibilidad. O de una que a él lo cautivaba. Creyó ver un reflejo, quizás el polo positivo de su negatividad. Esas palabras fueron su compañía en una primera noche solitaria. Luego en otra y luego en más. Hasta que empezó a fantasear con ir más lejos. En el viaje de su imaginación no le alcanzaba que esas palabras fuesen compañía: también debía serlo su emisora.

Siempre espera vaya a saber qué y vaya a saber por qué, pero espera porque así hace todo o casi todo. Lo hace hasta que ya no puede esperar y entonces decide actuar, aunque suele lamentar no haberlo hecho antes. Una de aquellas noches recibió una señal y le pareció que debía buscar a quien robaba su atención. Tuvo un encuentro aún más fuerte que los anteriores, pero en el viaje de su imaginación no le alcanzaba que sólo fuese suyo: quería que fuese con ella. Ante todo quiso aclararle lo que ya sabía. Lo sabía él y lo sabía ella: no se conocían. Una obviedad tan grande como el híbrido de su espera.

Entonces las palabras fueron suyas. Las soltó con la ilusión de que viajaran hacia un recuerdo de niñez. Hacia una mañana apacible con la luz del sol en la ventana. Hacia una tardecita de caminata tranquila por Montevideo. Hacia una noche de melodías lindas. Un viaje hacia cosas simples, cotidianas, terrenales. Como él, quizás. Como la idea que se había hecho de ella, al fin. Entonces las palabras fueron suyas y, enseguida, de los dos. Volvió a esperar porque porque así hace todo o casi todo. Lo hizo hasta que ella ya no pudo esperar. Y él tampoco, obvio. Tan obvio como que debían encontrarse y ser, encontrarse y dejarlo ser.

Defensa y Estados Unidos. Llego, pago, bajo, cruzo... Y ya no hay tanto que esperar.

-Hola, Paula.
-Hola, Francisco.

sábado, 22 de mayo de 2010

UNA HISTORIA DE AMOR III

Lo invité yo. Que sí, que no, que no da. Qué va. “¿Querés que un día nos conozcamos? No sé, ir a tomar algo, un café, unos mates…”.
Respuesta: “Obvio!”.

Nunca un signo de admiración me generó tanta alegría y miedo a la vez. Eso: la mezcla de los dos sentimientos y en cantidades iguales.

Es el día. Me levanto, desayuno, voy a terapia. El es así, es asá, lo conocí así, me contactó asá, lo invité yo. Me dirijo al trabajo. Pienso a qué se parece eso que me corre por dentro. A cuando das un examen y esperás la nota. A cuando nace un sobrino. A cuando te preparás para una entrevista laboral. A cuando tenés que hacerle una nota a una estrella. Al primer día de clases.

Pienso que tengo que disfrutarlo, pienso en qué loco, por qué me pasa esto. Pienso que no lo conozco.

Se termina el horario laboral, viajo a lo de una amiga. Hilvano la sucesión de hechos y me parece que todo pasó rápido. Me pregunto: ¿la vida va en fast foward? ¿Sí, no?

Mi amiga me charla, miro el reloj, falta poco. Bla, bla, bla, ja, ja, ja. Estás linda, me dice ella. Confirmo que es mi amiga, más que nunca: me da la dosis de confianza que necesito. Pienso que la amistad es eso: esa situación, esa compañía, esa frase y ese abrazo de despedida. Ese suerte, ese mañana te llamo y me contás. Ese redoblar de apuesta: estás hermosa, me repite ella.

Yo ya me miré al espejo, ya me puse perfume, ya me delineé los ojos. No más pintura: una vez leí que la belleza vulgar era belleza gracias al exceso de maquillaje. No quiero pensar que es mi caso.
Me subo a un colectivo. Toco el timbre, me bajo, estoy a dos cuadras. Paso gente, espero en la esquina porque me detiene el semáforo. Cruzo. Camino y paso restaurantes, después una casa de música, miro discos al pasar. Entre todas las cosas que recorren mi cabeza, siento el ruido de mis pasos. La calle está desierta. En ese silencio, me doy cuenta: ¡Ni siquiera conozco su voz!

Defensa y Estados Unidos. Llegué. Hay un tipo en una esquina y otro en la de enfrente. Me paro en otra, la restante queda vacía. Y espero.

Un auto se detiene, pienso de qué le puedo hablar, un tema al principio que sea ameno. Alguien me pregunta una calle, lo miro, no le puedo responder. Se va, me deja.

Y aparece él.

-Hola, Paula.
-Hola, Francisco.




Antes hubo una historia de amor número uno y una historia de amor número dos.

domingo, 2 de mayo de 2010

ME DIERON UN CARGO

Por primera vez en mi vida me nombraron para algo: desde hace una semana integro el Consejo de Administración del edificio donde vivo.
Hay varias cuestiones lamentables. La primera, es que haya gente que se crea que soy una persona seria. La segunda, es que me nombraron en una reunión de consorcio a la que no asistí. La tercera, es que mi vecino, otro de los integrantes de este consejo, me mande un mail que contiene la siguiente frase: "(...) Con respecto a la asamblea, fue todo muy bien -aunque duró algo así como 3 horas. Entre otras cosas, sos la nueva integrante del consejo de administración, así que bienvenida!".

miércoles, 28 de abril de 2010

ESTAR EN PAREJA...


…consiste en mantener una negociación constante con el otro sujeto integrante de la relación.

Se trata de un vínculo que pone en juego todos los aspectos de una negociación: hay especulación, hay reflexión, hay cálculos, hay sugerencias, hay intereses en juego, hay intentos de convencimiento, hay artilugios, hay mentiras, hay verdades (que pueden doler, o no) y en muchos casos hay hasta cierta perversión.

No sólo eso. Hay una posición dominante siempre. Que no es ejercida por el mismo individuo, sino que varía de acuerdo al motivo u objeto de discusión. El poder a veces lo tiene uno y a veces, el otro.

El verbo ceder empieza a transformarse en un pensamiento recurrente: negociar muchas veces es sinónimo de acordar. Para llegar a un arreglo, obvio, se sigue negociando. Y así.

Los resultados cambian. A veces uno pierde y en ocasiones, gana. A veces uno se deja perder para ganar algo, o viceversa.




P.D.: estar en pareja consiste en muchas otras cosas, lógicamente. Pero esta es la más divertida para un post.

domingo, 25 de abril de 2010

RADAR

Me cuestan los domingos si no leo Radar, el suplemento de Página 12. Vengo de una familia que a lo largo de su historia tuvo un puesto de diarios y los domingos en casa se transitaban, en parte, leyendo periódicos.

Abuelo canillita; abuela que primero ayudaba y después se hizo cargo ante la muerte de abuelo; mamá que ayudaba; nosotros los nietos que pasábamos a leer y éramos cuidados ahí; papá que compró la parada y desde hace 17 años lo atiende.

Radar es, para mí, lo mejor de la prensa gráfica argentina. El mejor suplemento cultural, el mejor en su edición, el mejor en diseño y en fotografía, el mejor escrito. Es difícil que pase un domingo y no haya aunque sea una nota que despierte tu interés. Papá me lo trae siempre; yo lo leo al término del almuerzo.

Está claro: a mí me gustaría trabajar en Radar.

Por si fuera poco, lo uso de consejero para salidas: tengo en cuenta su agenda, sus recomendaciones en la sección Inevitables y los lugares donde comer o tomar el té que publican en el clásico "Salí a".

Recomiendo este número: la entrevista a John Lee Anderson (¡cuántas ganas de comprarme su libro!), la nota sobre Jimi Hendrix y el texto de Gus Van Sant de la página 3, de donde quiero rescatar una frase:

"Creo que cuando tenés 16 y 17 años, estás estableciendo las conexiones con el mundo más importantes que probablemente vayas a hacer en tu vida. Si le preguntás a una persona de 70 años cuál es su canción favorita, será una canción que escuchó cuando tenía 16".

Eso. Esa frase y la compañía de mamá, que ojea los suplementos de Turismo, soñando un viaje vaya a saber dónde, en compañía del silencio que la caracteriza. Eso: Radar, ella y el bizcochuelo de manzanas que hace cuando vengo de visita.

jueves, 8 de abril de 2010

ULTIMO MOMENTO

Analizo renunciar a este blog, dejarlo. Es bueno, teniendo en cuenta que en otros momentos he pensado en renunciar a la vida. Ahora tampoco es que tiro manteca al techo, inflo piñatas, pongo música y hago fiestas. Incluso puede que a veces se me cruce la idea, eh. ¿No se puede renunciar por un tiempo, no?

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¿Y dejar de ser grande?

jueves, 1 de abril de 2010

LA UNIVERSIDAD. LUNES 9 AM

Hay un tipo que debe tener poco más de 40 años y que ya lee apuntes, un lunes a las 8.50 de la mañana.
Adolescentes. Muchos. Conversan. Mucho.
Dos señoras. Una, la miro, me parece, está por desmayarse del calor. En el aula no hay ventilador.
Uno de los tantos adolescentes tiene canas. Me pregunto cuántos problemas se habrá hecho en su corta vida, cuánto estrés debe haber en ese cuerpo.
Hay una chica que habla incansablemente por celular. Y ahora son las 8.55 de la madrugada.
No hay barbas, pero sí proyectos de: puras pelusas.
Y una chica hippie. Una, entre los 40 que debemos ser, aunque no soy buena para los cálculos.

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En un rincón, con la cabeza apoyada sobre la pared, me pregunto qué hago acá. El tipo de poco más de 40 me mira: tiene los ojos desviados. Me pregunto más: ¿cuánto durará esta joda?

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Fui un producto de la educación pública hasta que pretendí tener una profesión. Y ahí, vaga, tuve una formación más vaga todavía en una escuelita privada.

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Estoy en este ciclo que es básico y que es común. ¿Y si es tan básico y es tan común para qué lo hacemos? ¿Por qué no vamos directamente al grano?

jueves, 25 de marzo de 2010

LA ENAMORADORA DE TAXISTAS (basado en una historia casi real)


-A Amenábar al 1600, por favor.

Mary ya hizo ese acto instintivo que tanto placer le generaba. Se paró a 20 metros de la esquina de Callao y Corrientes, sobre Callao, vio venir el taxi con el cartelito rojo encendido, estiró el brazo, lo paró y se sentó.

-Hola –dijo con su voz suave y angelical, con su sonrisa más seductora-. A Amenábar al 1600, por favor.

No hay registro exacto, nosotras en el grupo de amigas no lo llevamos, de cuándo Mary abrazó el mote que mejor la representaba: La Enamoradora de Taxistas.

Permítanme presentarla. Mary es muy linda y esto es una obviedad. No hay belleza por descubrir en ella porque todo está ahí: sólo se trata de mirarla. Rubia, de ojos celestes, delgada, un físico armónico. Linda. Mary es linda.

Sin embargo, ella no le prestaba atención a los chicos comunes. No les daba bola a los que podía cruzarse por la calle, en el trabajo, en la facultad (Mary estudiaba abogacía) o donde fuere. No. A Mary le gustaban los taxistas. Sólo ellos.

-¡Qué lindo esto que tenés acá! Porque cuando llueve podés abrir un poquito las ventanillas y no te entra agua.

Mary sacaba temas de conversación de cualquier cosa y hasta podía llamarle la atención esos plastiquitos que rodean las ventanillas delanteras de los autos. Y les hacía chistes a los tipos, mientras se acariciaba el pelo. Si hasta los tocaba, en señal de confianza.

Ah, ¿qué, no les conté? Mary se sentaba siempre adelante e incluso, para acercarse a los choferes y lograr un buen grado de confianza, les narraba episodios de su vida cotidiana o conversaba con ellos sobre el vínculo con su madre. “Mamá está loca, me manda mensajes de texto por todo. Una vez me puso: ‘Delirio en La Plata. Se salvó Gimnasia’”. Nunca le contamos cuántos viajes hizo, porque era imposible.

A los tipos les gustaba, claro, cómo no les va a gustar. La mina era bella y hablaba de cosas mundanas, buscaba una conexión con ese mundo masculino. Además, no estereotipaba: gordos, flacos, jóvenes, viejos, reos, hippies, clásicos. ¿Qué escuchaban Radio 10? No le importaba: la cuestión es que fuesen taxistas. A partir de ahí, algo positivo les iba a encontrar.

-Ay, mirá qué bien que te funciona la ticketera. ¿Es bárbara, no? ¿Hace cuánto que te la compraste?

Si nos habrá contado historias. Amores, desamores, infidelidades, matrimonios rotos, papelones sexuales, de todo... ¡Las veces que llamó a un Radio Taxi para conseguir los datos de algún chofer!

-Me encanta esta guantera. La veo de afuera, pero se ve súper espaciosa. ¿Ahí te entran todos los papeles y más, no?

Mary pasó a buscar a chicos por paradas de taxi, paró a comer pizzas grasosas en lugares que no podrían estar abiertos si bromatología se diera una vuelta por allí, tuvo relaciones sexuales en esos autos negros y amarillos, mientras de fondo se escuchaba a la operadora que por el radio enumeraba destinos sin parar: “Móvil 478, responda; 574, 574, Chile 654, pasajero Ariel; ¿Acepta el viaje 345?”.

-A Amenábar al 1600, por favor.

Alexis la vio y sintió un impulso que no pudo controlar. La tuvo al lado (recuerden, Mary se sentaba adelante), sintió la estela de su perfume y no hizo falta más. En el primer semáforo ya la estaba comiendo a besos.

-Ay, mirá cómo tuneaste el volante. ¡Sos un loco, vos!

Fue lo único que Mary pudo decir, antes de que el muchacho le agarrara la cara con la mano derecha y le tocara un pecho con la izquierda.

Y llegó a Amenábar, y subió, y el octavo C fue –esa noche- un lugar lleno de fuego.

En mi grupo de amigas no podemos dejar de hablar de eso y reconstruir cada uno de los segundos de ese viaje que le cambió la vida toda. Alexis nunca más bajó, porque Mary, La Enamoradora de Taxistas, tuvo siempre el miedo de que alguna se lo robara. El pibe, que no quería pero ese día finalmente salió a manejar el auto de su padre para ganarse unos pesos, se compró otros coches, se puso una empresita de Radio Taxis y la atendió desde ese octavo C.

Eso sí, cuando Mary y él salen a pasear, van en el tacho.

martes, 9 de marzo de 2010

ALGUNOS OFICIOS QUE PODRIA CUMPLIR BIEN

+ Elegir películas para pasar en viajes de larga distancia.

+ Ser moza.

+ Musicalizar citas (para esto, antes trataría de tomar conocimiento acerca del estado de la relación y de los objetivos de cada uno para con el otro).

+ Brindar asesoramiento acerca de cómo untar tostadas.

+ Recomendar lugares adonde comer (ser algo así como una "restaurante planner").

+ Descongelar heladeras.

+ Hacer guisos de lenteja y/o tartas de atún.

+ Pintar casas.

martes, 2 de marzo de 2010

AMOR PLATONICO

Les presento al chico de la foto. Gerard Butler, escocés, 40 años. Para Hollywood es algo así como el nuevo Russel Crowe. Para los ojos de las chicas es... un bombón, como un bocadito Marroc: la perfección en un cuerpo de un hombre.

Gerard, o Gerry, como le dicen, trabajó como abogado hasta que llegó a desempeñarse como actor. Vale aclararlo: no esperen verlo en alguna película dramática comprometida. Lo encontrarán en alguna comedia romántica previsible.

Lo vi y me enamoré. Y me interioricé sobre él. Gerry tuvo que entrenarse para el film 300 y ahí moldeó su físico. Y si bien ahora parece que tiene una historia con Jennifer Aniston, en su pasado sufrió. Por ejemplo, no tuvo otro contacto con su papá hasta sus 16 años y don Butler falleció seis años después del reencuentro.

Este escorpiano (cumple el 13 de noviembre) protagonizó La cruda verdad y en los últimos tiempos fue ganando popularidad. ¿Qué hay que hacer para cautivarlo? Según sus propias palabras, reírse de las tonterías que dice. "Yo soy un tipo que quiere o pretende ser gracioso y me halaga cuando a una mujer le causan gracia mis chistes", declaró alguna vez.

Obvio, dejó en claro que le gustan las mujeres sexy. "Cada mujer puede ser sexy de muchas formas. Algunas mujeres te sorprenden con su ternura, otras con su minifalda", expresó.

La que lo conquiste tendrá que saber que este hombre fue alcohólico. Y que ahora no bebe, pero lleva una vida casi sin descansos. "Los momentos en los que no trabajo son muy difíciles para mí. No sé vivir una vida normal. Necesito que esté siempre llena".

Yo le perdonaría todo, pero bueno... Me conformo con verlo en la pantallita, deleitándome con esa sonrisa escocesa.