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sábado, 18 de octubre de 2008

DE PUÑO Y LETRA


No sé si los jóvenes se lo plantearán, pero hay una generación que no tuvo contacto con las cartas de papel (y ya no lo tendrá). Una camada de muchachitas y muchachitos que nació y se crió con una computadora con internet en sus casas. Un grupo de personas que día a día deforma el idioma.

La pena que me da por ellos (y un poco por mí también, porque ya no recibo ninguna). Porque nosotros, los de más de 20 años, ya la vivimos. Aunque sea por poco tiempo.

Pero estos pobres chicos no conocerán jamás la letra de sus novias/os, de sus amigos, ni siquiera de sus hermanos. ¿Se acuerdan cuando en los textos que recibíamos los signos de pregunta se cerraban, pero también se abrían? Nadie escribía un "dps t llamo". Al contrario, como uno escribía cada tanto, elegía qué contar, seleccionaba las mejores anécdotas, describía sensaciones, gente, lugares. Uno tenía espacio para seleccionar no sólo lo que quería decir, si no también cómo quería hacerlo.

Claro, no estaba esta cosa de abuso de la información, de los mensajes de texto, a través de los cuales todos sabemos lo que hace nuestro círculo de gente todo el tiempo. La última que yo recibí, por ejemplo, fue hace ocho años: un noviecito me redactó unos párrafos y me hizo un diseño de cómo iba a ser "nuestra" casa cuando nos casáramos (¡?). El, obvio, ya se casó con otra: yo me alegré, pero no le mandé ninguna carta.

Propongo una batalla contra los mails, contra los sms. Que vuelvan las cartas, que las casas tengan sus carteros. Que volvamos a decir: "Te mandé algo de puño y letra".